El monopatín que Yago Lamela quiso dejar para siempre en Lira

Los vecinos de la localidad comentaban ayer con pena el fatal desenlace del subcampeón del mundo de salto de longitud


carnota / la voz

Un monopatín, viejo y usado, es el recuerdo que el joven Adrián guarda como oro en paño. Hace ya ocho años que lo recibió de manos de Yago Lamela y tiene un inmenso valor para él. Ahora, con la muerte de su ídolo, el juguete es un recuerdo imborrable para este adolescente de Lira. Una tarde del verano del 2005, Adrián jugaba en el camino lateral a la casa de los Pintos, así se conoce a la familia Lamela en Lira, cuando apareció el laureado atleta saludándolo. Yago ofreció al niño alguna de sus pertenencias infantiles y el deportista, después de visualizar los objetos que guardaba en el garaje de la vivienda paterna, eligió el monopatín.

Los vecinos de la localidad comentaban ayer con pena el fatal desenlace del subcampeón del mundo de salto de longitud, a la temprana edad de 36 años. Yago Lamela era hijo de Manuel Lamela y de Mercedes Tobío, él, natural de Lira, y ella nacida en el lugar muradano de Creo. Manolo de Pintos, así llaman los lugareños al progenitor del fallecido atleta, es ingeniero jubilado. Trabajó en Cee, donde nacieron dos de sus hijos. Después la familia se trasladó a Avilés, donde vino al mundo Yago.

Vinculación

La vinculación de la familia con la localidad carnotana nunca se rompió. La abuela de Yago vivió hasta hace unos años en Lira, luego se marchó a Asturias, donde falleció. Yago y sus hermanos acudían a Carnota en verano, donde pasaban, al menos, el mes de vacaciones de sus padres. Los progenitores acuden con frecuencia a esta villa para interesarse por sus parientes y restauraron la casa familiar.

Jóvenes de Lira, de edades similares a la de Yago, recuerdan la presencia de este deportista en la localidad. Uno de ellos decía: «Cando nós estabamos a xogar no campo de fútbol, Yago acudía tódalas tardes Yago, aínda que el prefería correr que xogar co balón. Era un máis de nós, e pese a vir da cidade non era garboso, tampoco falaba moito, pero amosaba ser boa xente». Esa relación con Lira fue espaciándose a medida que se integraba en las competiciones oficiales, aunque, de forma esporádica siempre aparecía: «A última vez que o vimos aínda estaba aquí súa avoa, fará dous anos», señaló el joven Antón.

En el 2003 recibió un homenaje en el que el entonces edil de deportes, Jesús Campos, le entregó una placa.

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