El conflicto interno y los procesos judiciales que atenazan a la cofradía hacen imposible la convivencia y mantienen bajo mínimos la vigilancia
25 ene 2014 . Actualizado a las 07:00 h.La cofradía de Cabo de Cruz lleva al menos un lustro en caída libre. Su facturación, sus números, no dan. En el último año, y pese a que el 2013 ya había sido nefasto, perdió otros 200.000 euros de facturación. Con esas cuentas podría pensarse que es en las cifras donde está el verdadero problema del pósito. Pero nada más lejos de la realidad. La bajada del volumen de negocio solo es un indicativo más de cómo están las cosas. En realidad, y quizás sea este uno de las pocos puntos en los que todo el mundo asiente, lo que ocurre es que la entidad se ahoga en su propio mar de conflictos.
En la cofradía crucense hay dos bandos claramente diferenciados, sobre todo en lo que atañe al sector de a pie. Por un lado, está el equipo encabezado por Carmelo Vidal y Ermitas Pérez, que lleva las riendas de la cofradía desde hace años. Y, por otro, un sector crítico que logró retos importantes, como que 79 personas firmasen para pedir el cese de la presidenta de las mariscadoras, aunque luego esta lograse salir victoriosa de una moción de censura.
Unos y otros llevan tiempo atacándose. El grupo crítico ha recurrido de forma permanente al juzgado. Y sus quejas han dado pie a una investigación judicial por posibles delitos económicos en la gestión del pósito. El equipo de Vidal y Pérez tampoco ha estado quieto. Respaldado por la consellería, logró que tanto el año pasado como este se incluyesen como obligatorias las vigilancias para las mariscadoras de a pie. Y, como el pelotón del sector crítico desoyó la orden, expedientó nada menos que a 50 personas. Está por ver en qué queda esa historia.
Hasta ahí, el conflicto entre productores. Luego está el enorme problema que tiene la dirección del pósito con los vigilantes. La Inspección de Trabajo abrió un expediente por las condiciones en las que operan. Y la fiscal e incluso la jueza dicen que hay que investigar porque puede haber un posible delito de imposición de condiciones de trabajo ilegales.
¿Y en qué se traduce todo esto en el día a día? En que todos los vigilantes menos uno están inactivos -de baja, despedidos o sin relación con el pósito por decisión propia-. El sector crítico, el grueso de las mariscadoras de a pie, no vigila porque no cree que deba hacerlo sin contar con guardas profesionales. Y los furtivos, como los pescadores en río revuelto, no dejan de sacar ganancia mientras la facturación cae estrepitosamente en la lonja crucense. Toda una perfecta tormenta que no parece que vaya a despejar pronto.
1,3
Millones facturados en el 2013
La facturación en la rula cayó con respecto al 2012. Hace un lustro era de 2,7 millones.
148
Censo del marisqueo a pie
Hay 148 mariscadores de a pie. De ellos, al menos 79 están ligados al sector crítico.
1
Vigilantes activos
Solo hay un guarda activo. El resto están de baja, fueron despedidos o se marcharon.