Los vecinos se pusieron a las órdenes de los brigadas para evitar el desastre
30 ago 2013 . Actualizado a las 18:14 h.Seguramente muchas personas en esta comarca son capaces de ponerse en la piel de los vecinos que ayer tuvieron que salir de sus casas con lo puesto por la amenaza de un incendio. Y de los que con un paño cubriéndose la cara para protegerse del humo que les asfixiaba le plantaron cara al fuego. Y de los que cogieron mangueras, cubos y regaderas para mojar sus casas y fincas en un intento desesperado por evitar el avance de las llamas. Sus caras, su angustia, su lucha sin cuartel resultan demasiado familiares. Recuerdan demasiado a las del 2006. Ayer, en Tállara, en Moimenta, en A Galea, en Insuachán... los vecinos volvieron a echarse al monte para evitar el desastre.
A las órdenes de las brigadas, bomberos, equipos de protección civil y agentes forestales que invadieron el bosque barbanzano, ciudadanos de a pie, con escasos medios y toda la voluntad del mundo, trabajaron durante horas para impedir que las llamas tornasen el verde paisaje de la comarca en un desierto de color negro.
Preocupación
Pero la batalla contra el fuego es siempre una pelea de David contra Goliat, y ante la larga noche que se aproximaba, la preocupación de los vecinos y de los equipos de emergencias se extendía con la misma velocidad que el incendio. La incertidumbre de qué pasaría después de que la falta de luz obligase a los medios aéreos a abandonar las tareas se extinción se mezclaba con la indignación de personas incapaces de entender cómo alguien puede provocar un incendio con la única intención de hacer daño.
Quienes ayer estaban combatiendo el fuego no tienen ninguna duda de que ese era el objetivo de quien encendió la llama: «O que puxo lume sabía ben o que facía». No se trata solo de que se iniciaran cuatro focos prácticamente de manera simultánea, sino de que además se prendieron de tal forma que la fuerza y la dirección del viento llevara el frente rápidamente hacia las casas.
La reacción de los vecinos fue inmediata, no solo colaborando con los equipos antiincendios, sino denunciando la presencia de coches sospechosos en la zona. Todo el mundo está muy alerta y cualquier movimiento extraño suscita avisos a las autoridades con el objetivo de que se identifique a los incendiarios.
Nervios a flor de piel
La situación vivida ayer en los municipios de Lousame y Boiro provocó también mucha angustia y nerviosismo. Una joven tuvo que ser atendida con un ataque de ansiedad, mientras una vecina de Insuachán mostraba sus desesperación: «É moito a impotencia que sentes cando ves que a túa casa, o traballo de toda unha vida, pode acabar convertido en nada».
Mientras, a medida que avanzaba el incendio, los municipios de la comarca, desde Ribeira a Rianxo, iban cubriéndose de una densa humareda que era visible incluso desde el otro lado de la ría arousana. De hecho, el humo provocado por el fuego llegó a afectar a la circulación por la autovía barbanzana, obligando a los coches a reducir la velocidad a 90 kilómetros por hora. Al cierre de esta edición, con el olor a quemado invadiéndolo todo, vecinos y profesionales seguían luchando contra la adversidad con todas sus fuerzas.