El precio del terreno urbano subió un 52% en los últimos cinco años, menos de la mitad que el rural
31 mar 2013 . Actualizado a las 14:55 h.Pese al complicado momento económico, el precio del suelo sigue creciendo. Al menos esa es la tendencia que se registra en los once municipios de Barbanza, Muros y Noia.
Desde el año 2007, año en el que se sitúa el inicio de la crisis, el valor del suelo en la comarca, principalmente aquel que tiene la consideración de rústico, ha crecido fuertemente llegando incluso a duplicarse en este período. En concreto, el incremento ha sido del 132%, pasando de los escasos 67 millones de euros en los que se valoraba hace cinco años a los más de 155 millones en que, según el Ministerio de Economía y Hacienda, se cuantifican en el Catastro.
Más discreta, aunque no menos sorprendente ha sido la evolución experimentada por el precio del terreno urbano que ha crecido el 52% en el último lustro. La superficie edificada o susceptible de serlo en la comarca -unos 50 millones de metros cuadrados- tiene actualmente un valor catastral de más de 3.700 millones de euros, 1.200 más que hace solo un lustro.
Ralentizada la actividad del sector inmobiliario, todo apunta a pensar que detrás de este significativo repunte del valor catastral, superior incluso al de comarcas limítrofes como A Costa da Morte o Compostela, se encuentra el incremento de la superficie calificada como urbana en los distintos planes urbanísticos municipales y, sobre todo, los trabajos de actualización de los valores de los distintos predios que han puesto en marcha ayuntamientos como A Pobra o Carnota en 2012 y 2011, respectivamente.
Actualización de datos
Otro tanto ha sucedido, según la Secretaría General de Coordinación Autonómica y Local, con las bases de datos catastrales de bienes inmuebles de naturaleza urbana de Noia que se actualizaron en 2010, con las de Lousame que datan de 2009 y las de Boiro y Ribeira que son de 2008 y 2007, respectivamente.
Todo lo contrario sucede en Rianxo y Muros, municipios en los que existe un mayor desfase entre el valor catastral de las fincas y edificios y su valor real de mercado, ya que en el primer caso la revisión más reciente tuvo lugar en 1989 y en el segundo, un año más tarde. Los demás ayuntamientos del área de influencia de esta edición cuentan con unos padrones de bienes inmuebles rústicos y urbanos valorados, por última vez, en el año 1994.
De ponerse estos al día, la valoración de los bienes de la comarca podría incluso llegar a duplicarse. Paralelamente traería consigo un importante aumento de los ingresos por la recaudación del impuesto de bienes inmuebles (IBI) ya que sobre el valor catastral de cada finca o construcción se aplica un porcentaje que es lo que determina el importe que cada propietario debe ingresar anualmente en las arcas municipales. En este sentido, a los desfases en el valor de los inmuebles se une que la mayoría de concellos tampoco han optado, durante los últimos diez años, por modificar el tipo impositivo que aplican a sus contribuyentes.
A ello hay que unir que, con carácter general, son los propios ayuntamientos los que solicitan del Catastro el inicio de un procedimiento de valoración colectiva de carácter general donde se actualiza el valor de los inmuebles del término. Esta cifra, habitualmente la mitad del que se supone precio de mercado, se obtiene en base a diferentes criterios como puede ser la localización, la antigüedad, las características de la vivienda o incluso su capacidad para generar recursos o albergar una actividad.
El valor catastral de un inmueble, además de en asuntos fiscales y de tributación, se emplea como referencia en procesos de expropiación, valoraciones urbanísticas, o para la concesión de determinadas ayudas y subvenciones públicas.