No hay más que ver esa fotografía. Es el comedor de Dios. No hay mucho más que meditar. No hay nada más a que aspirar. Esta es nuestra obra. Nuestro trabajo de siglos desde el cromañón, pasando por el homo erectus, hasta el maravilloso día de hoy en el que nos duchamos con colonia y nos reproducimos usando vaselinas afrodisíacas y masajes que nos inoculan la droga de la fertilidad y el sexo perfecto por vía epidérmica o sublingual.
He aquí el hombre perfecto. El ser humano más allá del más allá. En cualquier ciudad, en cualquier villa, en cualquier aldea; no necesitará usted ir a París ni a Londres, a Ciudad del Cabo o a Miami... En Noia, en Boiro, en Rianxo, en A Pobra. En Outes, en Muros o en Porto do Son. ¿Acaso quiere usted ir más allá? Pues bien, acérquese a Carballo, a Valdoviño, a Sada, tal vez a Ferrol, a Vigo o a Pontevedra. A lo mejor tiene usted debilidad por los barrios bajos de Lugo o A Coruña o, quién sabe, por el sur de Baltar de Ourense o del Ourense de Baltar.
Siempre, se lo aseguro, se va a encontrar frente a frente con esa cola ignominiosa de seres humanos enfrentados a la Cocina Económica como si fuesen ciudadanos de tercera clase, gente sin billete que viaja en el tren de lujo que nos lleva al precipicio merecido.
Casi sin querer, uno llega a convertirse en un analfabeto de la historia de su tiempo. No por nada, se lo aseguro, solo porque, el aquí firmante, no puede asimilar, tanta brutalidad, tanta injusticia, tanto dolor, tanto abuso. Fíjense, se lo ruego, fíjense bien en esa fotografía de Ballesteros. Los hombres van a buscar alimento a la Cocina Económica. A la plaza de abastos, al mercado, al súper, dicen los idiotas, van las mujeres. Es el destrozo de la sociedad.
Estos sinvergüenzas que manejan el dinero están subvirtiendo los roles sociales que para casi todos nosotros, no tenían la menor importancia. ¡Ella iba a la plaza porque entendía de eso y tú, mientras tanto, pasabas la aspiradora y hacías la cama! No era un asunto difícil. Estoy harto de esta gente perversa que manda en nuestras vidas, estos ricachos soberbios que manejan nuestros días intentando doblegar nuestras conciencias.
En esa foto se adivina un invierno de sol. Ahora, en este siglo, hace sol casi a diario en invierno. No hay mal que por bien no venga. Uno se calienta al sol de la alameda y se ahorra un par de horas de estufa, tal vez tres si quiere pasar al martirologio del siglo XXI. Se lo juro, estoy verdaderamente harto de tanta injusticia, de tanta mentira, de tanto vómito, de tanta basura?. Piénselo un momento.