«La artesanía gusta, pero el precio asusta un poco»

María Xosé Blanco Giráldez
m. x. blanco RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

Empezó confeccionando ropa para sus hijos y María Herminia Rodríguez acabó formando parte de la selecta lista de artesanos gallegos, con carta oficial, como modista y encajera. Una de sus especialidades es la elaboración de trajes regionales y ahora acaba de sacar al mercado unas pequeñas muñecas ataviadas con las vestimentas tradicionales de Galicia. De momento, ha conseguido ya colocarlas en dos tiendas, una de Boiro y otra de Vilagarcía.

-¿Cómo se adentró en el mundo de la aguja y el dedal?

-Es una historia singular, pues yo realmente tenía una profesión muy distinta. Hice estudios de administración y trabajé en distintas empresas. Soy de Caldas y me vine a Boiro para montar una tienda de maquinaria para el sector de la construcción. El problema es que no vendía nada, así que decidía bajarme al negocio la máquina de coser que tenía y aprovechar así los ratos libres para hacerle ropa a mis hijos. Al final, los clientes me veían y, en vez de comprarme máquinas, me encargaban trabajos de costura.

-¿Y acabó cerrando el negocio?

-Claro, llegó un día que me pregunté qué hacía realmente allí y abandoné. Me fui a casa y comencé mi carrera como modista.

-¿Tuvo más fortuna con esa aventura empresarial?

-De hecho, saqué a mis hijos adelante gracias a ese trabajo, eso sí, con mucha dedicación y esfuerzo. Lo más importante es que hago lo que me gusta.

-Poco a poco fue especializándose en el ámbito artesanal...

-Siempre me gustó hacer la ropa de forma artesanal. Abarco todo el ámbito de la confección, pero reconozco que lo que me atrae es la elaboración de trajes regionales y los encajes.

-Y ahora hace vestidos tradicionales hasta en miniatura, ¿cómo se gestó esta idea?

-A través de la fundación Paideia, participo en un proyecto europeo relacionado con el turismo. Yo presenté una serie de pequeños trabajos, entre los que había hasta posavasos de encaje, con el fin de buscar algo que pudiera funcionar a nivel turístico. Lo típico de Galicia son los trajes regionales, pero está claro que un visitante no va a adquirir uno. Fue entonces cuando se me ocurrió hacer las miniaturas.

-Son, claro está, hechos de forma artesanal, ¿no es así?

-Por supuesto, no solo las vestimentas, sino también el esqueleto de las muñecas, que está hecho con fieltro relleno. Todo el proceso es artesanal.

-¿Está funcionando el producto como usted esperaba?

-Puede decirse que el proyecto está en su fase inicial, pero sí, creo que la experiencia está siendo muy positiva. De hecho, las muñecas se van a vender en dos tiendas, una de Boiro y otra de Vilagarcía.

-¿Lleva ya muchas muñecas vendidas?

-Llevo unas quince y lo cierto es que las primeras se me escaparon de las manos. Lo que ocurre es que esto es una aventura y hacer estas miniaturas lleva su tiempo. De momento, le estoy dedicando las horas libres, pues tengo que seguir con mi trabajo habitual.

-¿Considera que la artesanía sigue teniendo tirón?

-La artesanía gusta, pero el precio asusta un poco y eso que, realmente, no se cobra ni la mano de obra.

-Y los trajes regionales, ¿tienen la demanda de antaño?

-Pienso que tienen incluso más salida que antes. Cada vez hay más grupos, incluso de personas mayores, que se juntan y acuden a seráns con sus vestidos tradicionales.