Paradojas

ALICIA FERNÁNDEZ

BARBANZA

Nuestro sistema político, la democracia de partidos, permite que una persona que actualmente es concejal en Santiago sea postulada, o se postule, como cabeza de lista en otro municipio en la próxima cita electoral. Se supone que para mayor beneficio y gloria de su partido, pues el electorado queda al margen de tal decisión; sin mayor acreditación basada en preparación o experiencia. En cambio, un vecino de esa localidad, que puede tener una larga trayectoria en servicios a la comunidad y estar empadronado desde su nacimiento, no podría hacerlo nunca solo. Y si deseara hacerlo en compañía de otros independientes, habría de reunir un buen número de avales de sus conciudadanos.

Este hecho, y otros muchos, convierten el sistema en lo que algunos han denominado como dictadura de los partidos; pactada con evidente subjetividad por las formaciones políticas mayoritarias. Sistema que ya hace agua y buena prueba de ello es que treinta años después los políticos son la tercera preocupación para los españoles, la corrupción parece inherente a la actividad pública y quienes la ejercen, en muchos casos, se han convertido en profesionales.

Pero vayamos al caso. Andrés Fariña, ante las escasas posibilidades, duda en dejar su posición en la capital gallega para encabezar la lista socialista en Ribeira, a pesar de que desde la agrupación local lo daban por hecho. Teniendo en cuenta que el puño y la rosa llevan allí separados siete años, y a sabiendas de que con tal premisa es imposible un buen resultado, parece haber supeditado su decisión a la reunificación de la familia socialista. Loable empeño si no fuese por dos cuestiones. La primera es que en el pasado no fue de los que más hizo precisamente para limar diferencias. La segunda es que tal hecho, si algún día llega a producirse, deberá ser un proceso que se inicie y termine alejado de una cita electoral. Y que tendrá importantes concesiones personales, pues nunca existió un conflicto ideológico. Además, hay otro factor. Los independientes aspiran a estar donde están. Los socialistas a más. Los primeros no necesitan a nadie para sus fines, y los segundo sí. Si a esto añadimos la capacidad de las mentes que dirigen IPR ¡no envidio el papel de los que vayan a negociar!

Por otra parte, en el ámbito empresarial, anda revuelto el patio. Esta crisis que tantas firmas y negocios condena, también es quien de poner en jaque a la Federación de Empresarios del Barbanza (FEB). Ya hace tiempo comentamos, sin ser muy bien recibido, que tal institución había iniciado un camino descendente. A día de hoy ha perdido protagonismo, capacidad de representación y, lo más importante, las asociaciones locales han cercenado sus responsabilidades. Cuando se habla de que el problema es la financiación se está encubriendo el verdadero debate ¿es necesaria la FEB? La actual presidenta ha preferido bordearlo que enfrentarse a él. Su equipo directivo parece que ha optado, en una parte considerable, por el suicidio asistido. En la actual tesitura parece inviable mantener una organización para organizar un sorteo navideño y conceder unos premios algo devaluados. Si hubiese menos localismos, con objetivos y espacios de actuación definidos, la financiación no sería un problema.