Vuelta al tajo


Hola! ¿Qué tal el verano? ¿Corto? Pues parafraseando al maestro Sabina el verano duró lo que tarda en llegar el otoño; ni más ni menos. Y como el otoño, por lo menos en lo que a meteorología se refiere, se está haciendo de rogar pues no se apure. Mientras las mangas cortas superen a las largas en el armario tenemos una prórroga del estío. Que por estos lares se agradece, que así acortaremos un poquito el largo invierno.

Bien, pues aquí estamos otra vez. Con la ilusión de todos los años ante el nuevo curso, que llega preñado de expectativas y de citas importantes. La crisis, antes no reconocida por el Gobierno y ahora ya dada por superada, ¡con dos cojones!, seguirá dando que hablar pues todavía llevará al paro a muchas personas. Otras todavía no tendrán su oportunidad. El tejido comercial e industrial seguirá debilitándose por la sangrante pérdida de negocios y empresas. Tenemos a tiro de piedra una huelga general, con unos sindicatos que intentan hacerse notar pero más caducos que el Imperio Romano. Eso sí, con una legión de orondos generales a sueldo que mecen sus liberadas panzas aupados a las espaldas de los ciudadanos. Pero este desastre también podía servir de algo si nos planteáramos en serio la pregunta de por qué otros países de nuestro entorno salen mucho más rápido de las crisis. O por qué tienen una mayor productividad y eficacia. Algo influirá una mayor organización, tener menos normas pero más claras, un mayor respeto a las mismas, saber separar el grano de la paja, saber priorizar y, muy importante, no estar bajo la dictadura de una plaga de burócratas que crece de forma exponencial y hace que hace. Con el beneplácito de la mayor parte de unos políticos cobardes, en el mejor de los casos. En el peor: caraduras, aprovechados, mangantes, calienta sillas y vividores a cuenta del erario público. ¡Ay el día que cobren por productividad!

También tendremos citas electorales. Unas más lejanas y otras que nos afectarán en la cara más cercana de la actividad política, en la vida municipal. Ya están dando que hablar las designaciones, sobre todo en el mapa de los populares, con muchos puntos calientes. Aunque pueda resultar lógico por ser los que más tienen, no deja de ser novedoso en un partido con muy poca disidencia. Pero también los socialistas deben afrontar situaciones de relevo como en Rianxo o más preocupantes como las de Ribeira o A Pobra. Mientras los nacionalistas se pelearán por mejorar su posición en la comarca, muy debilitada en los últimos tiempos.

Pero en esta primera cita no puedo dejar pasar una fotografía de agosto sin hacer un comentario. Fue en la visita que realizó el presidente de Portos de Galicia, José Manuel Álvarez-Campana, para inaugurar un parque infantil. En ella se le puede ver repartiendo libros a unos niños que le miran escépticos, casi tanto como yo la fotografía. Porque mira que no hay problemas en esta Galicia marinera con los puertos, las zonas portuarias, accesos, servicios? Y su presidente de paseo, dando libritos de cuentos a los niños, tirándole de los mofletes y si su padres se despistan les pide ya el voto ¡Hasta qué punto de demagogia hemos llegado! ¿De verdad es ese su cometido? ¿Le pagamos para esto? ¡Qué lástima de Melchor perdido y qué pena de presidente de Portos de Galicia encontrado!.

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