La prehistoria de la movida

Cambeiro, Coroso, Os Pasales y O Paraíso forman parte de la lista de locales que precedieron a los pubs y discotecas; la música en directo era su principal baza


No siempre hubo pubs en la comarca, ni discotecas o bares de copas de esos que, bajo ni se sabe qué epígrafe fiscal, abren cuando quieren y cierran al alba. Aunque a muchos, sobre todo a los más jóvenes, les cueste creerlo hubo un tiempo en el que la movida en Barbanza tenía lugar en las salas de fiestas. Locales en los que la música corría siempre a cargo de una orquesta e, incluso, en ocasiones especiales, muy contadas, de algún artista de renombre de los de la época.

Arrancaba la década de los setenta y locales como Cambeiro, Madrid o As Delicias, desconocidos para muchos, olvidados para otros e imborrables para los que iniciaron allí su adolescencia, pasaron momentos especialmente agradables o incluso conocieron a la que, años después, acabaría siendo su pareja, eran el epicentro de la diversión. El único lugar en el que bailar o beber, con la dictadura dando sus últimos coletazos, no era visto por nadie con malos ojos.

Son precisamente estos condicionantes emotivo-sentimentales los que hacen que resulte imposible nombrar un local de referencia de entre la veintena que estuvieron en activo hasta bien entrados los años 80, momento desde el cual fueron cediendo terreno en favor de las discotecas. «Cada un tiña o seu encanto», coinciden en señalar los que eran asiduos de varios. En Ribeira, a la ya nombrada sala Cambeiro se unía otra ubicada en las inmediaciones de la playa de Coroso, en el mismo espacio que el verano pasado ocupó la restauradora Toñi Vicente. Por este local, que vivió su apogeo a mediados de la década de los sesenta, pasaron artistas como Juan Pardo, el Dúo Dinámico o el mismísimo Julio Iglesias.

No menos sonados eran los espectáculos de la sala pobrense Os Potes, a cuyo escenario se subieron, entre otros, Los Bravos. En Rianxo, el local de referencia era Os Ánxeles, mientras que en la parte norte de la comarca había dos lugares de culto que se llenaban hasta los topes cada sábado. Eran Os Pasales, en Noia, y O Paraíso, en Muros. Hasta estos dos locales, que curiosamente ahora están ocupados por sendos supermercados, se acercaban incluso jóvenes de las zonas limítrofes de Barcala, Fisterra o Soneira. Otro tanto sucedía en las salas de Pino de Val y A Picota, hasta que estas fueron cediendo terreno a la Xallas de Santa Comba, que durante dos décadas fue un sitio de visita obligatorio para la juventud barbanzana.

Las salas de fiesta han cerrado y son muchos los que las echan de menos. Los aficionados al baile son legión y lo demuestra el hecho de que las orquestas siguen teniendo su público fiel. Muchos vecinos de la comarca se suben a su coche cada fin de semana en busca de un sitio donde «botar unhas pezas».

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