Operación enclave

Carlos Insúa

BARBANZA

La Xunta prefiere que Galicia sea de las comunidades autónomas que tengan caja de ahorros propia. Como condición, Núñez Feijoo planteó que esa gran caja gallega, que sería la quinta entidad de este tipo más importante de España, sea solvente, algo que se sabrá tras la auditoría que se está realizando. El presidente apostará por la fusión si se garantiza la solvencia de las instituciones financieras y del proceso de integración.

Ha sido este tinte galleguista el que ha llevado al Bloque a votar si a la Lei de Caixas. Por otra parte, un cúmulo de razones partidistas, que esconden otras de calado invisible, están detrás del no del PSOE.

Yo creo que se resolverán los problemas de solvencia, con o sin plan de saneamiento, y que, efectivamente, las dos cajas gallegas se fusionarán. Será un parto difícil, tanto en el nombramiento de consejeros como en el logístico. Y se me antoja que, como en otras gestas de altura y generosidad de miras del país, empezarán a disputarse la sede del nuevo ente, a mordiscos si fuera necesario. Ya hay un alcalde emperador en Vigo que está dispuesto a usar a la policía local para que no le quiten su silla de consejero. Al grito de ¡no pasarán!, se habilitarán barricadas en Vigo y A Coruña.

Quién sabe como quedará la cosa, pero yo tengo mi propuesta, para que no se diga que todo es crítica. Para mí, la ubicación ideal sería en la Cidade da Cultura del Gaiás. Dotada de los más modernos avances tecnológicos y representativa de la «sociedade do coñecemento», que diría Touriño, no requiere más que ciertas labores de adecuación. Se puede instalar todo en el mismo sitio y con acceso directo a la autopista. Un edificio para los distintos departamentos, otro para la Fundación, otro para presidencia, dirección y consejo, un museo de billetes y monedas y otro de historia judeo financiera, que comenzaría con los Rothschilds, por ejemplo. Sería la sede bancaria más grande del mundo. Incluso se podría acometer la construcción del Palacio de la Ópera con cargo a la obra social.

Esta ubicación de la nueva caja fusionada evitaría multitud de problemas de localismos y tendría muchas ventajas. El inconveniente: pagar lo que falta, suponiendo que la Xunta renuncie a cobrar lo que lleva gastado. Nada que no se pueda arreglar con obligaciones a veinte años y con un tipo de interés similar al de la empresa de la abeja. ¡Ah!, y consolar a Bugallo con un parque acuático.

Y como los directivos de cajas son dados al lujo, descanso y placer para aliviar el estrés, qué mejor para terminar la operación enclave que comprar el pazo de Goiáns, tan cercano gracias a la autovía de Barbanza.

La nueva institución financiera compraría la finca y la mantendría cuidada y limpia para el Concello de Boiro. El pazo rehabilitado serviría de casa rural para los ejecutivos, que podrían salir a navegar desde su propio fondeadero o desde el futuro Club Náutico de Escarabote. En días prefijados, el pazo estaría abierto al público con colecciones de pintura de autores de la comarca. Yo lo veo viable, y no creo que haya ningún economista que me lo pueda rebatir.

Porque, en realidad, el único problema de la fusión está en el nombre, si le llamaran Caixa Galicia Nova o Caixa Nova Galicia. Mi propuesta es Caixa Gaiás. Porque, ya se sabe, la política es el arte de rotular.