En Noia y en toda nuestra pequeña nación barbanzana, los lunes al sol o bajo la lluvia se forman ante los despachos de Loterías más largas colas que ante las oficinas del Inem. La fortuna no está en paro y el ansia de resolver de una sola estocada el duelo a muerte que sostenemos diariamente con el Caballero Negro de la vida se perpetúa en las almas desamparadas que, llevadas por la marea del infortunio, lamen las costas de Playa Lotería. Allí acudimos como los romeros a Compostela, a Jerusalén o a La Meca, buscando ese trago que sacie la sed terrible de este injusto reparto de riqueza.
Las horas de trabajo no dan para más y los estómagos de nuestro hijos parecen un saco sin fondo. Los estómagos y los bolsillos, sus necesidades, sus libros, sus matrículas, sus bicicletas, sus consolas, sus ropas y sus fijadores. Niño, sal de la ducha que nos arruina Fenosa. Suelta el móvil que se te congelarán las palabras de amor en el hielo de mi cuenta corriente. Y como el niño no suelta el móvil ni sale de la ducha, los lunes te vas a la cola de las apuestas y, como Newman y Redford en El golpe , pretendes hacer limpiamente, sin dejar huella, la apuesta de tu vida. Te la juegas al número del día que naciste, al del aniversario de boda y al del año que fuiste a Cancún a enterarte de que no hay nada nuevo más allá de Corrubedo. Lo sabes con certeza, pero te engañas y te animas y conversas con los compañeros de cola. Según van liquidando sus ilusiones en la ventanilla transparente desde la que se ve la Costa de Oro anclada en un mar azul turquesa en el que se refleja un hotel de ensueño, deseas a tus colegas suerte.
Eres un hipócrita redomado. Lo cierto es que todo lo quieres para ti. El deseo que te mueve a alistarte en el frente de la fortuna no es otro que el de ser el único acertante y quedarte con la recaudación que religiosamente adelantaron tus vecinos. Es perdonable, somos débiles y no tenemos mala intención. En realidad, solo queremos dar la campanada, asegurarnos el futuro porque no lo tenemos. El futuro se nos murió hace un montón de años y con él se derrumbaron los muros que fogosamente, una y otra vez, escalábamos en nuestra juventud a la conquista de la piedra filosofal, del vellocino de oro o de la Bella Durmiente. Tanta lucha para esto. Para terminar los lunes en la incierta cola de las apuestas.