El deporte del baloncesto levanta cada vez más pasiones en Barbanza. Quedó comprobado hace unos días en Rianxo, donde unas ochocientas personas se dieron cita en el polideportivo para presenciar el encuentro que disputaron el Xacobeo Blue Sens Obradoiro y el Dinamo de Moscú. Fue una noche inolvidable, que convirtió a la villa de Castelao en la capital del baloncesto gallego. Además de la satisfacción de haber presenciado un reñido y emocionante encuentro, uno de los espectadores se fue para casa con una camiseta firmada por todos los jugadores del equipo compostelano. Hicieron la entrega del premio el concejal de Deportes rianxeiro, José Figueiro , y el alero del Obradoiro Tuki Bulfoni .
Otros rianxeiros se decantan por un deporte menos movidito, el ajedrez. Una expedición de la villa viajó el pasado fin de semana a Valga y regresó con el primer premio. Lo consiguió de la mano de Jorge Méndez , que venció en la categoría de jugadores de menos de 8 años. En la categoría absoluta, el triunfo correspondió a Óscar de Prado , mientras que el ribeirense Eduardo García fue cuarto y el padronés Manuel Abuín , ex campeón gallego y actual jugador del Xadrez Rianxo, quedó en el puesto 13. En esta ocasión, completaron el equipo rianxeiro el capitán Dani Martínez Dourado y su hermano Néstor , el juvenil Adrián Pérez y los niños Rubén Martínez , David Hermo , Vicente Cores y su hermano José Benito; Diego Sobrino , Carlos Piña , Álvaro González , Daniel Fernández y Heitor González . También jugaron los ribeirenses Alfonso García , Marcos Arevalillo y Juan Carlos Blanco. Aficionados a la caña y al sedal. Y como tiene que haber aficiones para todos los gustos, hay a otros barbanzanos que lo que les va es madrugar para salir a pescar en sus barcos. Uno de ellos es Paco Mareque que, a bordo del Leonna , se hizo con los primeros premios en las categorías de mayor número de piezas y más puntos del campeonato promovido por el Club Náutico de Ribeira. Fernando Regueira , patroneando su Xiroia , consiguió el trofeo a la pieza de mayor tamaño, en concreto, un pinto que alcanzó los tres kilos de peso.