«Papá, ahora estoy nerviosa»

BARBANZA

Mientras los padres hablan del bus escolar, de los libros, de los nuevos profes... los niños celebran el reencuentro

11 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Cuando llego a la habitación de Raquel me sorprende que haya dormido sin bajar las persianas, como si hubiese querido apurar la noche anterior a la vuelta al cole. Se levanta contenta y fresca porque no fue necesario madrugar: hoy el tiempo lectivo se reduce a una hora, de 11.00 a 12.00. Hace unos días ya anunciara que tenía ganas de encontrarse con su compañeros, y ha llegado el momento.

En el desayuno, cuenta las aventuras del día anterior en la playa de Barraña, donde se encontró con buena parte de sus compañeros de aula. Más rápido de lo habitual, acaba la primera comida del día, se asea y se viste. Vamos andando al Santa Baia y nos encontramos por el camino con otros padres: hablamos de que este año no vale la pena ir en bus, pues el colegio estrena jornada única; que hay que comprar los libros; que el cambio idiomático ha dejado inservibles volúmenes impecables del año pasado; que si cada vez que cambia un Gobierno hay que cambiarlo todo, mal vamos... mientras ellos, los pequeños, caminan a nuestro lado.

«Papá, ahora estoy nerviosa», dice Raquel, y apostilla: «Qué raro, con lo tranquila que estaba estos días». Cuando llegamos al recinto escolar se encuentra con sus compañeras y compañeros y el nerviosismo se evapora en el bullicio emocionado de centenares de pequeños.

El jefe de estudios, Bernardino, sale con el megáfono para dar entrada a los alumnos aula por aula; a su lado, la directora, Susana, recibe a los chavales con una luminosa sonrisa. En sus caras y en las de los demás docentes no se aprecian síntomas de la depresión posvacacional, al contrario, todo son gestos amables.

Los padres nos vamos quedando solos a medida que los niños van entrando en las aulas. Casi todos llevamos papeles en las manos con el programa escolar, los libros y el material, la convocatoria del APA a una reunión esta noche. El teléfono móvil echa humo: «La recoges tú que yo no puedo salir... llama a mi madre... ¿la tía no está?... no sé cómo voy hacer».