Las obras para urbanizar 300.000 metros cuadrados y hacer el parque industrial de Rianxo mudaron la imagen de la zona
18 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Este no es mi Te, que me lo han cambiado. Esa frase, posiblemente, la pronuncie algún rianxeiro que, después de un tiempo, vuelva a su tierra. ¿Por qué? La estampa actual de la zona poco o nada tiene que ver con la de hace unos meses. No en vano, los operarios que se encargan de dar vida a las obras del polígono industrial han cosido un paisaje de explanadas de tierra y han logrado algo bastante más importante: que ya se adivine la silueta del futuro parque y que, por tanto, empresarios y responsables locales empiecen a respirar tranquilos pensando en que el recinto de naves está a tiro de piedra de ser realidad.
La historia del parque industrial suene triste la cuente quien la cuente. Tanto voces autorizadas del Concello como de la patronal hablan de años y años de lucha -se empezó a trabajar para conseguir el recinto a mediados de los ochenta, en marzo de 1984- y, sin embargo, actualmente Rianxo sigue sin esa zona industrial mientras las empresas trabajan en recintos de A Pobra, Boiro o Ribeira. De ahí que, al pronunciar la palabra polígono, en la tierra de Castelao sigan saltando chispas y el término «débeda histórica» salga de muchas bocas. Sin embargo, dado lo avanzado de los trabajos, ahora las cosas empiezan a cambiar y, sin olvidar que se lleva esperando por el parque desde 1985, cuando el entorno de Te fue declarado zona industrial, se empieza a hablar del asunto en tono bastante positivo.
Varias cuadrillas
Hacer un recorrido por la zona donde en el futuro habrá naves permite descubrir por qué, tras tanta espera, desde el gobierno local o desde la patronal ya hacen guiños al futuro y hablan de una infraestructura conseguida. En Te, un día cualquiera de la semana, trabajan varias cuadrillas de obreros; unos ponen enormes tubos rojos, otros explanan tierra y algunos miran planos y atienden a explicaciones. Y lo hacen ante un paisaje al que ya le cambiaron para siempre su estampa, donde el verde de los pinos y prados mudó por el marrón de la tierra y donde ahora mandan las máquinas y los camiones amarillos.
En medio de tanta tierra, solo hay tres cosas que llaman la atención del forastero. Una son las instalaciones de dos granjas de cerdos, a tiro de piedra de los trabajos. Otra es el recientemente inaugurado punto limpio, que uno imagina que quedará totalmente a mano a las empresas que se asienten en el parque industrial. Y la tercera es el entorno del viejo vertedero rianxeiro, una zona verde ahora aislada en un paisaje que luce totalmente marrón.
Así, a vista de pájaro, y con la enorme transformación de Te, suena lógico que los empresarios y el Concello empiecen a planificar ya el futuro. Desde el Ayuntamiento lo que intentan es que se agilice la salida a licitación de las parcelas, para que los empresarios puedan disponer del ansiado polígono cuanto antes. Mientras, desde la patronal, cruzan los dedos para que todos los empresarios que se interesaron por las parcelas finalmente se decidan a comprarlas. Si eso ocurre, al parecer, los metros de terreno edificable no llegarán a nada. El enigma se desvelará pronto. En la última visita a la zona, los políticos marcaron para principios del 2010 el fin de unas obras históricas.