Si uno llama en una misma mañana a todos los ambulatorios de la comarca -salvo a aquellos en los que pese a marcar el número una y otra vez nadie contesta al otro lado de la línea- intentando pedir una cita médica obtiene dos resultados. Su dolencia, en el caso de que sea una cefalea, aumenta considerablemente antes de conseguir vez y, por otra parte, se da cuenta de que, en realidad, la atención más cercana al paciente depende más del buen hacer de quienes contra viento y marea intentan atender al enfermo que de unas normas bien establecidas para evitar desigualdades entre los usuarios de Mazaricos y los de Ribeira, por poner ejemplos.
Las anécdotas se cuentan al por mayor. Y muchas de ellas tienen que ver con las recomendaciones que, de tapadillo y a buena fe, dan en los centros de salud. Recomiendan llamar dos días antes para evitar problemas con la cita o hasta dejar puesta la fecha de la siguiente revisión cuando uno va a consulta; incluso, preguntando mucho, dan consejos sobre las horas de menor afluencia o los días en los que, porque hay mercadillo o se trata de jornadas en las que los bancos entregan las pagas a los jubilados -a finales de cada mes- y estos aprovechan la coyuntura para ir al médico, las consultas están más llenas y, por tanto, es posible que las citas se atiendan con retraso.
En realidad, la amabilidad de quien, cuando puede, coge el teléfono se hace notar a lo largo y ancho de la comarca. Sobre todo, ayer destacaba la de un hombre que aparentaba ser el único facultativo del dispensario de Corrubedo y explicaba: «Mira, agora mesmo son as once, e a esa hora teño que estar traballando no centro de Ribeira. Aquí a consulta é de oito a once, pero hoxe teño obreiros e teño que esperar».