Los puestos de venta se han convertido en uno de los atractivos ribeirenses
03 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.ribeira | Comienza un nuevo día de fiestas en Ribeira. Los afortunados que gozan de vacaciones se agolpan en las terrazas del Malecón de la localidad, para disfrutar de un refrigerio con extraordinarias vistas a la ría. Aunque, estos días, algo más desvía su atención: los tenderetes.
Alrededor de cuarenta puestos ambulantes ocuparán, hasta que finalicen los festejos, los alrededores de la zona portuaria. En ellos, los vendedores ofrecen todo tipo de artesanías, tanto gastronómicas -desde perritos calientes, pizzas, churros y rosquillas, hasta las míticas garrapiñadas y el algodón de azúcar- como objetos y prendas hechos a mano, bisutería, cuero, madera, libros, hasta abrigos de piel. Todo está previsto por este «pequeño comercio» que hace las delicias de los visitantes y residentes de la zona.
Aunque la vida del feriante no es fácil, ya que no sólo soportan el estar continuamente alejados de sus casas, sino que deben mostrar la mejor de sus sonrisas pese a las críticas de la clientela y las inclemencias del tiempo.
Sin embargo, la gran mayoría se siente reconfortada con su trabajo. Ainhoa Calleja lleva dos años ofreciendo a los ribeirenses prendas y complementos con diseños propios y describe su labor: «Me gusta ser nómada, conocer otros lugares y gente nueva. Es una ventaja frente a los establecimientos fijos, además de que las personas se muestran más dadas a comprar, más optimistas y receptivas». La comarca es un sitio especial para este sector. Fernando Comesaña lleva catorce años acudiendo, metódicamente, a la gran cita ribeirense: «Mi recorrido se centra, casi en su totalidad, en las Rías Baixas; quizás por cercanía, o por no viajar fuera de la región, o porque, en mi opinión son lo mejor que tiene Galicia, pero lo cierto es que aquí me va de maravilla».
Negocio rentable
Los comerciantes no tienen queja. La gente que está en fiestas se muestra más alegre y detallista, se podría decir que los ribeirenses tiran la casa por la ventana. «Me encanta cuando llegan a mi puesto y valoran mis productos, aunque no los compren. Es bien sabido que la vida está muy cara, todos tenemos hipotecas», aclara Ainhoa.
Por su parte, los visitantes disfrutan paseando por el Malecón, haciendo compras y degustando los sabores de su infancia. Sea día o noche, estén comiendo o en la hora de la siesta, los feriantes permanecerán en sus puestos, aguardando con la sonrisa puesta a que los paseantes se paren.
Hay quien dice que los tenderetes son lo mejor de los festejos, de lo que no hay duda es que le dan ese toque especial a la ciudad que hace que te sientas verdaderamente en fiestas.