LA SEMANA DE... | O |
24 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.BARBANZA se ha sobrecogido con el fatal accidente ocurrido en Ribeira, con el resultado de una persona muerta cuando disfrutaba del Carnaval. Aunque vasco de origen, Íñigo Castro había encontrado en Corrubedo un escenario para la obra de su vida. Sus vecinos lo arroparon el jueves hasta la cuna que lo mecerá para siempre: el mar que lo había cautivado. Hasta ahora los únicos que han sabido estar a la altura han sido sus familiares, en todo momento serenos, cautos y comedidos en sus declaraciones. Una actitud que les honra mucho más teniendo en cuenta el trágico trance por el que atraviesan. Todo lo demás, como suele ocurrir en este país, ha demostrado que partiendo de un hecho lamentable se puede llegar al mayor de los esperpentos cuando con palabras o acciones se quiere justificar lo injustificable. Los representantes municipales chapoteando en la ambigüedad y con declaraciones que en el mejor de los casos son fruto de la ignorancia más supina; la empresa responsable del alumbrado público, ahuecando el ala; y la que montó el alumbrado especial afirmando que todo estaba bien. Si eso no es llamarle imbécil a una que venga alguien y me lo diga: ¡Cómo va a estar todo bien si una persona, una vida, un millón de ilusiones han quedado electrocutadas! ¡Cállense! Respeten por lo menos lo que no han sabido proteger. Pónganse, con la mayor diligencia y celeridad, a disposición del juez instructor y no nos sonrojen más delante de esta familia. Otra cuestión ha quedado demostrada. En la mayor parte de las concentraciones promovidas por las instituciones no existen las más mínimas garantías de seguridad. En las instalaciones tampoco (parece que ni existía boletín de enganche) y el personal que las monta no siempre está cualificado para su cometido. ¡Que en este país tenemos bonitas alfombras en el salón pero si las mueves sale la mierda por todas las esquinas! Esa es la realidad y lo habitual, aunque sólo salga a relucir de forma puntual. El acto y la farola son del Ayuntamiento. El mantenimiento de la farola, responsabilidad de la concesionaria. El alumbrado especial y la carpa, de otra empresa. A todos ellos, con el máximo respeto a la familia y a la investigación judicial, quiero dedicarles las palabras más sensatas que he oído en este asunto, las del hermano de la víctima: «Si fuese como ellos dicen, Íñigo estaría vivo». Un día nos sentimos honrados por la elección de este vasco y hoy por la gallardía de su familia. Todo lo demás pura irresponsabilidad.