¡ A por ellos, oé !

ALICIA FERNÁNDEZ

BARBANZA

DESDE FUERA | O |

15 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

YA LOS jerifaltes romanos, ante los reveses políticos y administrativos, ponían en práctica la estrategia de panem et circenses, sin pudor ni reparo. Dos siglos después, los palanganeros de Franco aplicaban con fruición la misma receta con el matiz patrio de la fiesta nacional. En la actualidad nos endilgan la misma medicina, bajo principio de universalidad, que mola mogollón, con fútbol y olimpiadas. Pese a lo que ha caído desde que los gladiadores se hacían pinchos morunos unos a otros, o Manolete aspiraba a serlo, la estrategia es la misma, pero las mañas, como las del zorro con la edad, se han refinado. Ahora se hace mientras se niega, de forma sibilina y mediática, con planificación y alevosía. Entre parada de Casillas y jugada de Fernando Torres, entre las chicas de gimnasia por aparatos y los chicos del waterpolo. Así, mientras entonamos ese eslogan incitador y violento, mientras nos rociamos con la furia del gazpacho, nos olvidamos de las listas de espera en la sanidad pública, de una negociación con ETA que, además de acabar con la violencia, puede acabar con este país, de que la gasolina sea más cara que la cerveza, del precio de la vivienda y las especulaciones urbanísticas, de un AVE que llegará tarde y lento, de una vía rápida donde se circula a veinte por hora detrás de los camiones cargados cada vez con menos pescado y con más basura, de que a día quince es fin de mes y otras muchas miserias mundanas. Veintidós dioses y una religión son capaces de abrazarte impúdicamente al vecino que cada día fusilas por ojearte el escote, al conductor que maldices de mañana camino del trabajo o al putón que intenta levantarte a tu pareja con argumentos de silicona. Y si ganamos contra un equipo histórico y con solera, que además tenía la ventaja de una mayor libertad al jugar con uno menos, ya babeamos de gusto al vernos gallardos y desafiantes en la final. Pero vendrán los temibles cuartos y nos apeará San Marino, porque no hay derecho a jugar con nombre de santo. Será entonces cuando de nuevo fusilaremos, maldeciremos y sonreiremos inocentes después de apuñalar por la espalda. Y ya podremos recuperar el ritmo normal de mentar la familia de aquellos que nos hacen esperar para curarnos, de los que nos torturan en la carretera o nos exprimen el bolsillo en la gasolinera. Volveremos a sorber la bilis de un país que hasta para buscar la paz tiene que enfrentar y comer a sus hijos.