Frustración

| MONCHO ARES |

BARBANZA

HACE AÑOS, cuando policías y guardias civiles se veían obligados a llevar a los detenidos a Noia, para ponerlos ante el juez, me contaba un agente la frustración que supuso para él y su compañero un día que acababa de dejar ante el magistrado a un delincuente multirreincidente del que estaba hasta el gorro incluso su familia, y nada más enfilar la carretera hacia Boiro se lo encontró haciendo autoestop. Su reacción fue parar creyendo que se había fugado, pero tuvo que meter el rabo entre las piernas porque había sido liberado por su señoría. Esa sensación me recuerda a la mía propia cuando estoy a punto de acabar de escribir una información y, de repente, se cae el sistema y pierdo todo el trabajo hecho. Lo peor es que luego se hace imposible repetir una buena labor. Ojalá que no ocurra lo mismo con los camellos de los institutos. El fracaso, de haberlo, no será de los guardias, sino de la Justicia.