Noia «epheta», Noia ábrete

MAXI OLARIAGA

BARBANZA

MAXIMALIA | O |

21 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

MARCOS, EL evangelista homenajeado en Noia estos días, fue alumno predilecto de Simón Pedro, con quien compartió gran parte de sus días. Dice la crónica del tiempo que, después, solo, predicó el Evangelio en la Aquileya y se internó en Egipto, donde fue asesinado por anunciar la buena nueva a un viejo pueblo. Marcos escribió su evangelio en griego, pero con frecuencia usa el arameo cuando alude a palabras textuales del Nazareno. Una de ellas, epheta , que significa ábrete, palabra que Jesús empleaba cuando curaba a sordos y a ciegos. No sé la razón por la que mi pueblo honra a Marcos el evangelista (preguntaré a los sabios), pero a mí ya me vale su eslogan. Noia, epheta . Noia, ábrete. Este pueblo mío es un pueblo espiral, espiral construida contra las leyes matemáticas. De fuera a dentro. Encerrado está este mi pueblo en sus pequeñas fronteras y quizás esta minúscula territorialidad sea la causa de su falta de fe en el vuelo sobre las nubes de la historia. Una paloma con alas de plomo, detenida en su escudo con su ramita de olivo, acechada por las cadenas del moro. Cualquier noiés de más de cincuenta años ha visto cómo del clareo de la ropa en A Pedrachán se pasó al centrifugado automático, del diario hablado de Radio Nacional a las dos y media a más de una docena de telediarios, del recado boca a boca al fax, y del cartero que siempre llama dos veces al que se presenta en casa sin pedir permiso, revelando secretos y violando la intimidad. Pero... ¿y las mentes? Noia no ha leído a Marcos. Noia no se abre a la maravillosa claridad que la haría grande entre las grandes. Noia es muy bíblica y también ama a Noé. Cuando terminó el diluvio y bajaron las aguas, Jehová pintó en los cielos el arco iris como si fuera su firma en un tratado de paz con los humanos. Esto lo saben los noieses, claro, pero seguimos sin saber qué hay detrás del arco iris y acusamos de loco a quien intente averiguarlo. He dicho muchas veces que no hay en muchas millas a la redonda villa que produzca generaciones de artistas sin pausa, a lo largo de las generaciones, como esta villa. Pues, sencillamente se ignoran. Tan sólo un esforzado comando escudriña la historia, resucita poemas marchitos, alumbra cuadros olvidados o redime artesanos del cincel y del pentagrama para presentarlos ante los ojos de los ciudadanos. Estos sabios pronuncian el epheta , pero los oídos siguen ocluidos y los ojos se niegan a mirar la dulce herida de la luz. Hemos conservado el gusto por la sangre, que no tenían nuestros antepasados, corriendo el toro en un redondel tan cerrado como el circo de Roma. Cuando se celebró la novillada que anuncia ese cartel yo tenía un año. ¿Qué habrá sido de Paco Agudo y de Isidro Marín? ¿Cuánta gente duerme sin conocer lo que hay detrás del arco iris bajo las laudas de Santa María A Nova? ¿A cuántos sabios le ha impedido este mi pueblo traspasar esa frontera? Ahora «cuesta abajo en mi rodada», paseo al borde de la ciénaga, cuando el tiempo lo permite, por prescripción facultativa. Cada cincuenta metros, una baldosa me insulta. Sobre ella, una mano airada dejó escrito: «Noieses asesinos», y pinta un toro o un torero o ambos. Nadie las borra, ni siquiera la lluvia ni el salitre. Me pregunto si asumiremos la ofensa o la dejadez llega ya a la extenuación. Es tiempo de fiesta y, aunque los artesanos han sido sustituidos por orientales y sudamericanos que si han venido de sus tierras a conocer lo que hay tras el arco iris celebremos con el vino nuevo envuelto en cristal, que no en loza, la vuelta de Marcos a este pueblo viejo en que creo por encima de los sentidos y al que quiero como el amante despechado ama a su dama. Para siempre. En su nombre haré un último intento de traspasar el arco iris tras el que desapareció el viejo patriarca. No creo que lo logre, pero desde su límite recordaré el verso de José F. Da Ponte: «Con valer canto vale esta mociña, Noela está solteira». Quizá con mi grito enamorado se produzca el milagro de Marcos. Noia, epheta !