La felicidad de hipotecarse

| ANA GERPE |

BARBANZA

AYER UNA joven de Ribeira me dijo con alegría: «Ya soy una mujer hipotecada». Estaba contenta porque, desde ahora, cada mes destina una cantidad de dinero, que no llega a los 300 euros, para pagar una vivienda que algún día será suya. Es verdad que hipotecarse conlleva una serie de quebraderos de cabeza, pero la cultura española, a la que no pueden sustraerse los ciudadanos de Barbanza, es la de vivir en un piso de propiedad y no de alquiler. El hecho de que todos quieran poseer y de que algunos adinerados busquen refugio para sus euros en los ladrillos provoca que, en Barbanza, el suelo disponible para urbanizar se agote en un abrir y cerrar de ojos. Los ejecutivos deben ir pensando en planificar con sumo cuidado este crecimiento imparable porque, de lo contrario, pueden encontrarse con que sus posibilidades de expansión se vean limitadas o que las villas sean un verdadero caos.