Otra ciudad que nunca duerme

La Voz

BARBANZA

15 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Como contrapunto, en Manhattan es habitual encontrarse a cualquier hora, incluso en las zonas más céntricas, con unas inmensas bolsas negras de basura ocupando buena parte de la acera. Carmen Rico Godoy, en un memorable artículo, se hacía eco no hace muchos años de la pregunta que se formulan los extranjeros que visitan Madrid: ¿Duermen los madrileños? Podríamos trasladarla perfectamente a Manhattan: ¿Duerme Nueva York? Porque, a cualquier hora de la noche que nos asomamos a la ventana de la habitación nos quedamos alelados viendo el ir y venir de vehículos y personas. Hemos escrito que en Nueva York no existe el sur. Como contraposición, debemos decir que sí existe el norte, el norte a partir de Central Park; o sea, Harlem y Bronx. En función de las concepciones previas y de los prejuicios, sentimos escasa pasión por recorrerlo. Porque Harlem ha sido la capital negra de Estados Unidos, con zonas vetadas a los ciudadanos blancos, y guetos, auténticos focos de miseria y violencia. Hoy vive su renacimiento. Nos participan que el anterior alcalde de la ciudad, el señor Giuliani, el del 11 de Septiembre, se empeñó en dotar a la urbe de la mayor seguridad posible; y este firme propósito, unido a otras circunstancias, están transformando aquella área, transformación que se puede percibir si se observa la instalación de un gran centro comercial, un moderno cine dotado de varias salas, una tienda Disney, los típicos McDonald's, la recuperación de viejas tiendas y locales, como el teatro Apolo, donde cantó Aretha Franklin antes de ser universalmente conocida, la rehabilitación de edificios y la construcción de otros nuevos. Por tranquilidad y comodidad, recorremos la zona en coche y nos sorprendemos con lo que encontramos. Nos llama la atención la ubicación de la universidad de Columbia en pleno Harlem, una de las universidades más exigentes y, en consecuencia, más selectivas y prestigiosas del mundo. Más allá, alcanzamos una zona abierta y llana en la que sobresale un moderno y funcional edificio en el que el ex presidente Bill Clinton instaló su oficina. También, la especulación agazapada en casas cerradas, tapiadas o enrejadas, a la espera de recoger beneficios limpios y suficientemente cuantiosos.