DESDE FUERA | O |
16 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.A LOS administrados siempre nos quedaban dudas sobre presuntas desviaciones en la gestión pública, pero el Consello de Contas se obstina en cargarse todos los mitos y leyendas, convirtiéndolos en historia real de este país de picaresca. Como cruzados la han emprendido a golpe de espada y mandobles con el impío proceder en las contrataciones de personal, cuya secuencia, que asumíamos como normal, es bien conocida. El amigo, conocido y/o familiar entra por el turno de los llamados puestos de confianza, se supone que lo debieran ser todos, o bien de forma directa, con la excusa de la urgencia o que en las listas del Inem hay mucho mangante. Después se le pasa a fijo para estabilizar ese puesto de trabajo. Al final, se crea la plaza de funcionario, ad hoc, of course , a la que concurrirá con tropecientos puntos para reconocer sus servicios prestados. Pero lo mejor del asunto es que los sindicatos, guardianes del Santo Grial (léase emolumentos), no dicen palabra y, si la dicen, es para pedir más puntos para los probos contratados en su seguro acceso a funcionarios. Y lo último, de pena, un nuevo gobierno acongojado (otra es la palabra ¡vive Dios!), que promete arreglarlo con el menor perjuicio para los beneficiarios de tan ínclito proceder.