LA LLAVE
14 ago 2004 . Actualizado a las 07:00 h.PARECE MENTIRA que, en pleno siglo XXI, Barbanza tenga que seguir sufriendo las consecuencias del minifundismo que siempre caracterizó a Galicia. El problema generado por la distribución del terreno en pequeñas fincas se ha agudizado con el paso de los años y con la entrada en vigor de la nueva Lei do Solo, al aumentar la superficie requerida para poder edificar en la zona rural. Las fincas que a nuestros antepasados tanto les costó adquirir, apenas tienen valor en la actualidad, puesto que el fin para el que fueron compradas, que los descendientes tuvieran un solar en el que construir una casa, es hoy en día irrealizable en la mayoría de los casos. Teniendo en cuenta que la agricultura también va de capa caída en la zona, sería deseable que la Xunta pusiera todo su empeño en la concentración parcelaria, para evitar que las pequeñas fincas acaben convertidas en zarzales.