DESDE FUERA | O |
01 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.HA LLEGADO el verano. Ahora sí. Por lo menos el psicológico, el que importa, el que nos mece el cuerpo en la modorra estival, el que nos retiene más tiempo fuera de casa, el que nos proporciona un tonillo permanente, el que le pone biquini al alma. Una sensación agradable que nos trae recuerdos de la infancia; pasear, salir, ver, respirar, sentir, ¡vivir! Cada persona detecta las señales, los auspicios, de este inicio en percepciones distintas, aunque sea un mismo oráculo para todas. En Boiro, verbigracia, hay dos que podrían mencionar una amplia mayoría: las fiestas y la apertura del Rodas do Barbanza. Una semana, las primeras, y dos meses, la segunda. Placeres finitos, taxativos y mundanos. Esos que, recién terminados, la lujuria te demanda y compromete para el año siguiente. El ambiente festivo, las chilindradas, la muñeca chochona y el pasodoble. Actividades diurnas y nocturnas. La charla con los amigos en una mesa, la cerveza fría, los pimientos, y los mejillones. Y Roque, el gran hermano, viendo atónito el variopinto desfile anual. Los niños que jugaban debajo del palco ya tienen niños y los que corrían entre las mesas ahora apuran la gallarda mientras los vigilan. ¡No pierda un segundo, salga a la calle y disfrute!