LA LLAVE
27 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.CUANDO HACE unos días se anunciaba que uno de los frutos de la mejora de relaciones de España con Marruecos, y viceversa, personificada en el encuentro de Zapatero con Mohamed VI, podría ser la resolución de los viejos problemas pesqueros me entró una cierta preocupación, porque de aquella flota ejemplar nacida a las órdenes de armadores de Ribeira, queda algo así como un rosario de la aurora. Entre los barcos que han desaparecido y los que han pasado a ser administrados por empresas mixtas, poco más hay con que repartir futuras licencias de pesca, si las dan. Pero peor aún es pensar que este presunto limado de asperezas tiente a algunos a volver a meterse en aventuras para fletar nuevas embarcaciones, porque me temo que el destino final pueda ser el mismo que aquel que vivimos tan en primera línea. Por eso me atrevo a aconsejar, ojo y mucho calma. No repitamos antiguos errores.