DESDE FUERA | O |
11 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.LA VIRGINIDAD empresarial se pierde con el primer impago, y el sentimentalismo, con el primer millón facturado. Por eso a una, que ha visto unas cuantas, que le venga explicando la fuga de empresas por complots judeo-masónicos, qué quieren que les diga. El capital no entiende de fronteras, banderas o romanticismo. Y miente con alevosía el que mantenga lo contrario. Así entendemos que cuando las conserveras se van a países en vías de desarrollo es posible que sea por asegurarse el acceso a determinadas materias primas, por conseguir una posición estratégica hacia otros mercados o, esto seguro, para abaratar los costes de producción. Se compite con la miseria de la gente, aún a costa de la calidad y seguridad en los alimentos. Lo importante es hacer latas a 60 céntimos. Esa es la verdad. Pero que no nos vendan oscuras persecuciones, porque de eso se pueden quejar con más razón los pequeños empresarios que no disponen de suelo industrial a la carta, subvenciones y ayudas otorgadas de forma discrecional. Opuestamente a Citroen en Vigo, este sector se instalará donde sea más barato producir. Y aunque nos sigan vendiendo pota y calamar por pulpo -de lo que se acusan ellos mismos- que no nos endilguen milongas de sector estratégico en Galicia.