LA LLAVE
14 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.NO QUIERO ser ácido, pero a mí, las sesiones de investidura de los ayuntamientos me recordaron a la noche de Fin de Año en la que todo es alegría, todos nos queremos mucho y nos besamos hasta hartarnos, todos nos deseamos lo mejor... pero llega el 1 de enero y la resaca nos devuelve a la realidad. Les juro (o prometo) que es mi deseo equivocarme al presagiar que queda por delante un duro mandato en casi todos los ayuntamientos, porque el BNG huele el poder, el PP no quiere perderlo y el PSOE tiene que recuperarse a costa de alguno de los otros dos. Y ya se sabe que, en política, el colegueo siempre beneficia al que está al frente, al que tiene el gobierno, al alcalde... Pero, ¡qué quieren que les diga!. De las once sesiones que me he leído, una me da buenas sensaciones (¿será debilidad la mía?) y es Boiro. Si se cumple lo que han dicho todos, por fin se acabará la crispación: ¡Que así sea!.