La presencia de ex concejales socialistas en la sala despertó más de una suspicacia y desvió el interés de la mesa presidencial hacia el patio de butacas
01 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?l interés del último pleno ordinario de Ribeira estaba en la fila de butacas reservada al público. Junto a los espectadores habituales se hallaban ex concejales socialistas como Vicente González Vidal, actual valedor de la candidatura que lidera José Vicente Domínguez; y Manuel Cortés Laíño, al que se considera alejado del rifirrafe que se ha montado en el PSOE local. También se encontraba el empresario hostelero Fernando Regueira, posible integrante de la lista con la que José Vicente Domínguez concurrirá a los comicios de mayo. Se sentaron separados, como si no se conocieran y hubiesen llegado por mera casualidad a una sala en la que los ex ediles González y Cortés -salvo error de memoria- no habían vuelto a poner los pies desde que dejaron sus escaños. La presencia de Cortés motivó más de un cuchicheo. ¿Ha decidido retornar a la vida política con el puño y la rosa? Nada se sabe. Entre los asistentes hubo quién no perdió detalle en busca de algún indicio y quién directamente preguntó a personas que podrían estar enteradas. Las indagaciones resultaron infructuosas; Cortés llegó y se fue como un vecino más, acompañado por un compañero de profesión.Tal y como están las cosas, la fractura del PSOE ribeirense genera en determinados ambientes tanto interés como el cotilleo rosa. No es de extrañar, por tanto, que hubiese tantos ojos puestos en la mesa presidencial como en el patio de butacas Preguntas ¿Qué circunstancia excepcional reunió en este último pleno del mandato a tantos rostros inusuales? ¿Quizás el deseo de algunos de ponerse al día en las cosas municipales con vistas a su presencia en la próxima corporación? Está claro que ninguno acudió para oír de primera mano la postura del PP local sobre la invasión de Irak, ya que todos se marcharon antes de que los tres grupos políticos alcanzasen un acuerdo en contra de la guerra. Les interesaba un punto del orden del día, pero anterior a ese, concretamente una moción del socialista Enrique Pérez sobre la construcción irregular de un cierre en un camino de Coroso y la situación del expediente sancionador abierto por el ayuntamiento. Misteriosa obra El interés suscitado por la presencia de ilustres socialistas en el patio de butacas se acrecentó cuando Enrique Pérez comenzó a defender su iniciativa. En ese momento, el también concejal socialista Antonio Piñeiro dirigió la mirada hacia el asiento en el que se encontraba Vicente González Vidal. Éste hizo una indicación a Piñeiro, quien abandonó la sala. Antonio Piñeiro no se dirigió al baño, tampoco es que saliera salido para fumar un pitillo porque, que se sepa, no practica ese insano vicio. Simplemente, se quedó en el pasillo, apoyado en la barandilla de las escaleras hasta que acabó el debate sobre el misterioso cierre de Coroso que no está separado cuatro metros del eje de la calzada como manda el reglamento. Interrogante En el aire flota la pregunta, ¿de quién es el cierre que se nombra sin dar nombres para que el único concejal ribeirense del PSOE que aún milita en el partido decida ausentarse de la sala y no verse en la obligación de romper la disciplina de voto? Sin duda, el famoso cierre sancionado por el ejecutivo tiene cola y desvió la atención en un pleno en el que los que estaban en el ajo sonrieron con disimulo.