De las esculturas, policromadas en otros siglos, que ilustran y habitan en hornacinas el atrio del templo de la parroquia de O Castelo, en Pobra, hemos ofrecido hace tiempo la de San Pedro, pero falta que ocupe esta ventana de Piedras Ilustres, la otra, la de San Pablo, al que llamo el Santo de la Espada por la que agarra su diestra. La identidad del autor de ambas tallas es patente pues son paralelas la disposición, gesto y volumen de las testas y barbas, la poderosa musculatura de las manos, las de San Pedro aferrando las llaves de la Iglesia y las de San Pablo, Apóstol de las Gentes, viajero y voz dogmática, aferrando, como dijimos, el gran espadón que cuelga a la cintura. Dudé mucho para saber que era San Pablo porque la espada como símbolo iconográfico me lo impedía. Una detenida visión del templo me permitió hallar en un dintel labrado, que perteneció a la Capilla de Alba y que ahora está en la entrada de la sacristía, los mismos santos en paralela expresión. Los ojos, la boca, el frontal de San Pablo avanzan poderosos y expresan el ímpetu humano que caracterizó a Saulo. Quizás la talla es del XIV. Dicen que en los días del párroco don Serafín Riveira fueron sacados al exterior y colocados en nichos abiertos en el muro del templo, pero nichos, desgraciadamente, hechos de cemento. ¡Qué blasfemia! Aunque más blasfemia es lo que se ha hecho con la Capilla de Alba, uno de los conjuntos arquitectónicos y escultóricos más sobresalientes de Galicia. De ellos habrá ocasión de hablar y escribir con tristeza. Porque (y ya lo avanzamos) muchas riquezas de este templo del Castelo están, a pesar de sus valores históricos y artísticos, en deplorable abandono. Urge un auxilio, casi una limosna ¿Quién se la da?