Cientos de personas han hecho en Pobra y otros lugares de la comarca la ruta dedicada al autor; unos parajes que recorría habitualmente en compañía de amigos
23 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Con motivo del programa A arte da palabra. Encontros con Valle-Inclán, que se desarrolla en Pobra, más escolares de la zona conocerán in situ lugares donde vivió y que visitó el autor, algunos de los cuales quedaron reflejados en sus obras. Porque el padre del esperpento era, según explica el concejal de Cultura y estudioso del escritor, Antonio González, un gran aficionado a realizar excursiones en compañía de amigos, muchas de ellas a sitios de interés arqueológico y paisajístico. Una de las fotografías que evidencian estas caminatas y que, además, es una de las preferidas del público que visita el museo Valle-Inclán es aquella en la que aparece en el dolmen de Axeitos junto a otros compañeros de ruta. En el reverso de la imagen consta lo siguiente: «Tertulia de La Puebla en visita al Dolmen de Oleiros. Otoño 1923. Fotografía de Ramón Gasset Neyra». En un diario de viaje de este último, se comenta esta excursión, realizada por Valle-Inclán, el escritor Victoriano García Martí, el industrial Román Fernández Gil -con sombrero de paja- y el propio Gasset. Este escritor revela que, flanqueando al monumento y a cierta distancia había otras dos piedras con grabados de ciervos o renos, que suscitaron de Valle-Inclán el siguiente comentario: «Esto es un triángulo sagrado». Y añadió: «Aquí, sin duda, estuvo el ara de los sacrificios humanos, que son los sucios sacrificios. Todos los demás son simbólicos». Gasset Neyra incluso cuenta la anécdota de que por el lugar apareció una mujer que recogía pico de los pinos, a la que preguntaron si las piedras llevaban allí mucho tiempo. La mujer les contestó: «Dicen que están ahí desde antes de que Dios viniera al mundo». En el cuaderno de viaje se recoge que esta contestación hizo exclamar a Valle-Inclán: «La venida de Cristo fue eso. Superar por la caridad el mutuo y cruento sacrificio de los hombres. Y la lucha sigue en pie. Cristo y el anticristo. En cuanto los hombres no se superan y crecen algo en función de ellos mismos, surge el sacrificio cruento del hombre por el hombre. Eso ha sido y será siempre», sentenció. El interés del autor de Luces de Bohemia por conocer el entorno más inmediato le viene de familia, explica Antonio González. «Lo empaparon de ese espíritu», dice. El responsable de Cultura de Pobra asegura que el padre del literato, Ramón del Valle Bermúdez, era un gran aficionado a la arqueología y halló restos en Barbanza. «Fue él quien encontró el dolmen de Axeitos, que llamaban de Bretal u Oleiros, y se lo contó a Manuel Murguía». Pero hay otro ancestro que Antonio González señala como inductor de ese interés. Se trata de su abuelo, Carlos Luis del Valle, «que había sido nombrado montero mayor para cazar lobos y otras alimañas desde Barbanza hasta Padrón». Incluso consta, dice, que el escritor fue de caza en alguna ocasión con su abuelo, salidas en las que tuvo contacto directo con los montes barbanzanos. De las excursiones del dramaturgo en su etapa de madurez, tanto por Barbanza como por la comarca de O Salnés, quedan múltiples referencias en sus obras. El dolmen de Oleiros, Bretal, A Curota, el muelle de Palmeira o la isla de Rúa son algunas de ellas. «Valle-Inclán coge topónimos para las Comedias bárbaras », explica. Santa Cruz, Lesón, Cures, Padrón, barbanzón, Puebla del Prior y Viana do Prior son nomenclaturas que salieron de su pluma y cuya procedencia está más que clara.