OPINIÓN | ANTONIO GONZÁLEZ MILLÁN | HISTORIADOR
14 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Un hijo ilustre de esta villa, el escritor Victoriano García Martí, afirma que Valle-Inclán aquí, entre nosotros por devoción, fue espectador privilegiado del ritual de las mortajas y de los ofrecidos al Nazareno del Deán; la célebre procesión de los resucitados «tantas y tantas veces contemplada por él». Guiado de su testimonio, rescato oportunamente algunos textos suyos, identificados como los cuadros de una exposición de experiencias vividas que se traducen literariamente. Y es que aunque el gran don Ramón no es un autor realista, se apoya en la realidad mucho más de lo que a simple vista podemos sospechar. Él, estoico pretendiente al título de Señor del Caramiñal , como gusta de llamarse y es públicamente conocido en su época, da una prueba más de amor y de nostálgico arraigo a esta ría consagrando su predilección por A Pobra do Deán en sus escritos. Ya en 1901, antes aún de su vecindad, Valle-Inclán cita Puebla del Prior en el texto Don Juan Manuel , que un año después entroniza en Sonata de OtoñoViana del Prior . El topónimo aparece de nuevo en El Marqués de Bradomín , Águila de blasón , Romance de lobos , Los cruzados de la causa , El embrujado , Divinas palabras o Cara de plata , entre sus libros principales. Referencias al Caramiñal Los textos contienen otros topónimos que adensan la evocación, como Conde Frade, San Lázaro, Santa Cruz, Lesón, Cures, Bretal, la mar de Corrubedo, y ficciones que salen al encuentro con lo real, como Lugar de Condes; entre los escenarios posibles para su identificación del Caramiñal. «¡Dorado es tu nombre, Santa María del Caramiñal!», así, aclamado, en Mi bisabuelo , edición de 1915. Por lo demás, abundan en su obra figuras y paisajes de los dos lados de la ría. Lamenta García Martí que su amigo no hubiese escrito acerca de esta impresionante teoría de féretros del Nazareno de O Castelo. Don Ramón, creador, que no imitador de la realidad, con ese halo exquisito y tan difícil de conseguir entre el ser y el no ser, puntualiza tanta rotundidad advirtiendo: «Las cosas no son como las vemos sino como las recordamos». Hace ahora justamente un siglo se gestó Sonata de Otoño , que con tan preciosa literatura modernista cuenta los amores y pasiones de aquel viejo marqués de Bradomín (del Condado de Barbanzón) «feo, católico y sentimental», referencia imaginaria al escritor. La casona hidalga tiene sobradas alusiones a la deslumbrante Torre de los Xunqueiras, llamado aquí Palacio de Brandeso por aquello de la sonoridad de las palabras y del consentimiento de sus propietarios, de ambos pazos, los Gasset de A Pobra. El relato se cierra con sublime emoción; la pobre Concha ha muerto y el marqués, poseído por una infinita duda de dolor, exclama: «Allá lejos, en el fondo de la antesala, temblaba con agonizante resplandor la lámpara que día y noche alumbraba ante la imagen de Jesús Nazareno, y la santa faz, desmelenada y lívida, me infundió miedo, más miedo que la faz mortal de Concha... ¡Lloré como un Dios antiguo al extinguirse su culto!».