Fiebre amarilla en las calles

La Voz

BARBANZA

CARMELA QUEIJEIRO

Solamente los establecimientos frecuentados por mujeres funcionaron con normalidad a la hora que jugó España Las calles de Ribeira perdieron tres a uno contra el Extremo Oriente. Desde las once de la mañana, hora de comienzo del partido de España, la ciudad barbanzana se vio sacudida por una euforia que llevó a casi todos los vecinos a los bares. Entretanto, las calles y las tiendas estaban despobladas. En otras zonas de la comarca la fiebre futbolera fue más o menos similar. Así, en un colegio de Boiro alumnos y profesores decidieron hacer novillos para ver juntos la remontada de la selección.

07 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Los planes ribeirenses se vieron trastocados por culpa del tempranero partido que la selección de Camacho disputó ayer en el Extremo Oriente. No es que las calles estuvieran desiertas, pero la afluencia de gente y de coches no fue, ni mucho menos, la de cualquier viernes a media mañana. A falta de billete de avión para Corea, casi todo el mundo se había marchado a los bares. Desde cualquier rincón de la ciudad se pudieron escuchar los gritos de los aficionados cantando los goles de España. Cada vez que la red paraguaya era perforada, los bares atestados rugían y saltaban a la par que Valerón, Morientes y companía. Y más cuando se consolidó la remontada con el penalti marcado por Fernando Hierro. Un dato. El autobús que cada viernes a las doce de la mañana parte para Corrubedo y el Hospital do Barbanza suele transportar unos treinta pasajeros. Ayer, a punto de comenzar la segunda parte, había en el autocar la abrumadora cifra de seis personas. Incluido el conductor. «Todo o mundo está vendo o partido», comentaba una viajera a la que eso del Mundial de Corea y Japón le sonaba a chino. Las tiendas, vacías Los únicos establecimientos mínimamente frecuentados eran los que normalmente son visitados por mujeres. Tanto los supermercados como la plaza de abastos de Ribeira recibieron la misma clientela de siempre. En cambio los comercios donde suelen acudir varones estaban desérticos. Así, en la tienda de suministros navales Joypa sólo se encontraba el dependiente. En las calles la presencia femenina ganó por goleada. Del género masculino únicamente se veía algún sufrido policía municipal o barrendero que deambulaba cabizbajo por las aceras, como si hubiese sido expulsado con tarjeta roja injusta. ¿Y qué decir de quienes debían cumplir con sus obligaciones laborales? Hubo quien fingió una lesión. Una vecina comentaba aliviada que los obreros que llevaban toda la semana trabajando debajo de su casa, casualmente ese día no habían ido al tajo. Algunos empleados se contentaron con escuchar el partido por la radio, como en la frutería Mercabarbanza. Y otros optaron por ver el encuentro por el rabillo del ojo en alguna diminuta televisión agazapada en un rincón del establecimiento. Y si no que se lo pregunten a los mecánicos de Talleres Los Amigos. Goles en las aulas El Mundial también hace milagros. Por una vez, dos bandos tradicionalmente enfrentados como son los de profesores y alumnos, se pusieron de acuerdo para saltarse las clases y ver juntos el partido de la selección. Así sucedió en el colegio Santa Baia de Boiro. Los docentes del centro decidieron cortar por lo sano las tentaciones de sus alumnos de hacer novillos, y optaron por colocar una televisión al lado del encerado. Así, educadores y educados cantaron los goles y festejaron juntos la remontada de la selección. Si no puedes con ellos, únete.