Lidia sin orejas ni rabo

La Voz

BARBANZA

CARMELA QUEIJEIRO

La peña taurina Os de case Sempre celebró una capea para despedir las celebraciones patronales de Noia Un grupo de amigos de los toros nacido al amparo de la prohibición, cuando en la villa se suspendieron las lidias, celebra cada año una capea a puerta cerrada para alimentar su afición. Se trata de la peña Os de case Sempre. El sábado se juntaron en una finca y el animal a torear fue una novilla. Ante la «fiesta nacional», el bicho trató de huir, con lo que los «diestros» casi quedan sin orejas, rabo y el resto.

30 abr 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Unas cincuenta personas se dieron cita en la finca de A Fialla. Siguiendo la tradición taurina heredada del pueblo de Noia, presentaron una capea, según informaron ellos mismos. La cita «taurina» causó sensación. En realidad, en la improvisada plaza, se presentó un «pucho», un ternero cuyo futuro inmediato era la carnicería, pero que antes tuvo la ocasión de celebrar con Os de case Sempre su encuentro habitual. Eso sí, el animal no sufrió ni el más mínimo daño, ni tampoco los aprendices de torero que se atrevieron a ponerse en frente, capote en mano y ganas de fiesta. El astado pertenecía a la mejor ganadería de la comarca, la «brava» sierra de Barbanza. Nada más abrir la puerta del corral, el becerro salió disparado para afrontar la faena. Valerosamente encaró, en primer lugar, a la fotógrafa de La Voz. La novilla, pese a su pequeña estatura, sólo encontró a dos «diestros» dispuestos a emprender la faena, mientras que el resto desistía, e incluso un boirense, ya experimentado en otras lides, renunciaba a coger la alternativa, no fuera a ser que el animal fuera más fiero de lo que pintaba. Hubo olés a las primeras verónicas de la tarde... hasta que el animal, no se sabe si por inoperancia de los toreros, por temor al tendido o por aburrimiento, optó por abandonar el ruedo, rumbo a lugares más apacibles, lo que no consiguió gracias a la intervención de un «espontáneo» que, agarrándolo por el rabo, impidió la fuga. Todos los presentes se lo pasaron en grande y hay quien afirma que el vacuno también disfrutó de las horas anteriores a su pase al ciclo alimentario, y no porque fuera sacrificado en la finca, sino porque fue reintegrado a su propietario, sano y salvo, para llevarlo a su destino: el matadero comarcal. No hubo reparto de orejas ni rabo, pero sí de buen vino, mejores viandas y licores hasta «fartar».