Tres, cuatro o, a lo sumo, seis casas levantadas en tranquilos lugares alejados de los cascos urbanos. Es este el paisaje rural típico en los municipios de Barbanza. Es más, lo difícil es encontrar aldeas con muchos habitantes. Incluso hay algunas en las que, hoy en día, son como poblaciones fantasmas, puesto que, con el devenir de los años, los residentes fueron abandonándolas o muriendo. Es el caso de Porto Freixo o Mercede, en la parroquia pobrense de San Isidoro de Posmarcos, o de Curraliño, en el Caramiñal. Lo mismo sucede en Sálvora (Aguiño), en A Granxa (Oleiros) y en Muíño Vello (Palmeira). Un poco más de movimiento hay en el núcleo de Porto Carro, en Santa Cruz de Lesón, pero poco más, puesto que sólo viven dos personas, un hombre y una mujer. Una igualdad que no se da en otras localidades, a la vista del informe elaborado por la fundación Paideia, en el que se constata que son las mujeres las que habitan mayoritariamente estas pequeñas poblaciones barbanzanas. En el núcleo pobrense de Freixo, por ejemplo, viven cinco féminas y un sólo hombre. Cifra esta que se repite en Loxo de Abaixo, en Boiro.