El farero se resiste a dejar Corrubedo

MARÍA J. MIYARES RIBEIRA

BARBANZA

La Autoridade Portuaria de Vilagarcía aún no hizo efectiva la orden de desalojo que pesa sobre la casa que ocupa el ex-vigilante El rugir del viento y la fuerza con la que las olas golpeaban las rocas le hicieron pasar muchas noches en vela. Pero Aquilino López, el farero de Corrubedo, se mantuvo siempre al pie del cañón durante 19 largos años. Daba igual que fuese de día o de noche, jornada laboral o de asueto. Cualquier indicio de que algo sucedía lo alertaba inmediatamente. En unos minutos, el ensordecedor ruido de la sirena ponía sobre aviso a los buques. Así, hasta que las máquinas sustituyeron su labor y la Autoridade Portuaria lo trasladó a Vilagarcía con una orden de abandono de la casa bajo el brazo. Ayer expiraba el plazo.

30 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Hace unos dos años cambió su jornada laboral continua de farero por una partida como técnico en Vilagarcía. Pero Aquilino López prefería estar siempre alerta e incluso pasar miedo en esas largas noches de temporal. Más de una vez tuvo que agarrar una cuerda de la puerta de su casa al faro para «poder llegar hasta allí sin que el viento me llevase». En otras ocasiones, «salía agarrado a ella porque es más gruesa», dice señalando a su mujer, Manuela Ríos. «Y es que fareros éramos los cinco de la familia, porque si yo me iba, ellos se encargaban de vigilar», apunta. Hasta que un día llegó la modernización en nombre de máquina a la solitaria punta, sólo molestada por el trasiego de turistas. La automatización del faro, dirigida desde la Autoridade Portuaria de Vilagarcía, dio carpetazo a una tranquila vida sólo alterada por las furias de los temporales. Y puso fin a un oficio muy vocacional. El traslado a la ciudad arousana fue tomado por Aquilino López con tranquilidad, pues no tenía más remedio. Pero el golpe más fuerte fue la orden de desalojo del que fue su hogar durante todos estos años. El 23 de marzo le llegó una notificación de la Autoridade Portuaria en la que le daban de plazo hasta ayer al mediodía para dejar su casa, un modesto inmueble al pie del faro. Ayer, Aquilino y su familia se esperaban lo peor, pero el organismo les concedió una tregua y no hizo efectivo el desalojo.