Un constante desafío al peligro

La Voz

BARBANZA

Los percebeiros arriesgan mucho para acceder a las rocas y pocos son los que se salvan de algún tipo de accidente Un día bueno pueden embolsarse 25.000 pesetas o más, aunque la media está en 15.000, pero tampoco trabajan todas las jornadas. Además, en el otro extremo de la balanza está el riesgo. Enfundados en trajes de neopreno y provistos de una raspa, los percebeiros de Aguiño salen a ganarse la vida. Por mar o por tierra; unas veces en las islas de Sálvora o Sagres, otras en las rocas de Couso, otras hasta el río Sieira, donde está el límite con O Son. El percebe de mejor calidad está en el mar, en las rocas más inaccesibles, sobre esa áspera especie marina llamada «arneirón». Muchos arriesgan demasiado: puntos de sutura, algunas fracturas son las heridas más comunes de esta «guerra». Pero lo peor es la muerte.

07 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Alberto Fernández Santamaría, de 33 años y padre de familia, es percebeiro desde hace nueve. Es uno de los que reconoce que «arriscamos demasiado», lo que la ha valido algún que otro susto; este mismo jueves «estiven a punto de romper as pernas pola forza dun golpe de mar; que nos gusta esto é aparte, pero é moi perigoso», señala el aguiñense. Alberto Fernández tuvo otros empleos y se queda con decisión con el oficio de percebeiro: «Andiven a pescar no Gran Sol e aquelo era morrer, esto para min é vivir», dice. Al preguntarle por las razones, no duda ni un ápice en contestar: «Polos temporais, porque nunca estabas en terra, e aquí tes libres todos os fins de semana, estás tódolos días ca túa familia.». Este año señala que está resultando «moi floxo» a causa de los continuos temporales, que les impiden salir a faenar: «Non ganamos nada, pasámolo mal, non é como outros anos», pero en general, cuando las cosas no se tuercen, «vivimos ben». Alberto Fernández prefiere trabajar por mar, porque, aparte de que hay mejor percebe, «é máis fácil que te rescaten se caes».

Víctor Martínez Lampón, de 23 años, era uno de los tres tripulantes de la embarcación que el 23 de noviembre del 2000 volcó en Aguiño a causa de un golpe de mar, accidente en el que murió su compañero Manuel Romano. Lo recuerda así: «Ese día arriscamos moito; era imposible chegar ás rocas e xa de volta, un golpe de mar tirounos. Eu conseguín chegar a terra firme a nado, pero si non levara o traxe de neopreno non a contaba». La lancha apareció destrozada, dos días después del suceso, mucho más lejos del lugar: en la zona de las dunas. Víctor Martínez lleva nueve años, desde los catorce, trabajando como percebeiro, aunque también probó otras ocupaciones: «Fun ó cangrexo real, ó pincho, á merluza, pero ó final escollín o oficio do meu abó», dice. El joven aguiñense asegura que todo lo que tiene «o conseguín cos percebes e seguirei nesto ata que a morte nos separe, e a ver si tarda moito, porque arrecender xa a arrecendín varias veces». Al igual que sus compañeros, se queja de que este año está resultando malo: «Só traballamos cinco días ó mes».

Juan Manuel Lorenzo Varela sólo tiene 23 años, pero conoce muy bien la profesión. No es de extrañar, ya que lleva desde los catorce en ello. Al igual que sus compañeros, también probó en otros trabajos, pero ninguno como este: «É moi, moi bonito; un oficio para atletas e deportistas, porque tes que estar en moi boa forma física para andar a saltar polas rocas e ir de arriba para abaixo». A su juicio, todos los inconvenientes que conlleva -los madrugones y el peligro, entre otros- se «compensan». Estos días se encuentra de baja, gajes del oficio: «Metín o pé nunha ranura dunhas pedras escapando do mar e torcín o tobillo», explica, quitando hierro al asunto. Y es que no es la primera vez que sufre algún accidente, pero «pequenos». Juan Manuel Lorenzo Varela tiene pensado trabajar como percebeiro «ata que poda, ata que o corpo aguante, como se di», aunque apunta que sus compañeros de mayor edad no son tan osados. Al perder agilidad, no son tan atrevidos como los jóvenes y sus capturas son de una calidad inferior, aunque señala que pueden trabajar perfectamente en ello.

José Francisco Dios, de 33 años de edad, también acumula una experiencia de nueve años como percebeiro. Recuerda que al principio, cuando empezó a trabajar en esto, «había moito máis pirateo, pero agora estamos organizados e mellor», dice, aunque Aguiño, al igual que otras zonas de la costa, tampoco se libra del todo del furtivismo. Como algunos compañeros, se dedicó a otros oficios, como el de panadero, pero está contento con su trabajo. Al preguntarle por los accidentes, señala que «sustos gordos non levei, pero nunha ocasión colleume o mar a mín e a outro compañeiro e recordo que só vía burbuxas; preguntábame dónde estaba e cando pisas terra sintes un alivio tremendo». José Francisco Dios comenta que la zona sur de las concesiones aguiñenses, que comprende las islas de Sálvora, Sagres y O Carreiro, «é moito más productiva que a norte -de Couso hasta río Sieira-, pero a estas alturas xa está bastante agotada, e iso que en seis meses realmente só fomos un, porque senón xa non quedaban nin as pedras». Por ello, opina que es bueno alternar las áreas.