A caballo entre dos siglos

MÓNICA LÁZARO RIBEIRA

BARBANZA

Los centenarios de Barbanza conservan su buen humor, a pesar de haber sufrido en sus carnes la posguerra y la dictadura La comarca de Barbanza cuenta con una destacada representación de personas que han superado la difícil barrera de los cien años. Una de las personas de mayor edad reside en Oleiros, parroquia de Ribeira. Se trata de Manuela Sampedro, una vecina de Carreira que el próximo día 5 de octubre cumplirá 106 años. Lleva su abultada edad con magnífica frescura y un gran sentido del humor. Los mayores barbanzanos han superado posguerras, hambre, pobreza o soledad; han visto pasar por el libro de su vida el nacimiento de la televisión, los avances tecnológicos, los adelantos de la medicina y hasta un doble cambio de siglo.

23 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

El ámbito de Barbanza, Muros y Noia cuenta con una población aproximada que supera los 125.000 habitantes, según los últimos datos registrados por el Instituto Galego de Estatística (IGE). Reina el sexo femenino sobre el masculino, aunque la diferencia no llega a ser muy notable. En otro orden, más de veinte mil personas son menores de dieciséis años; 85.000 se mueven entre esa edad y los 65; y cerca de veintiún mil ya han pasado a integrar la tercera edad. Veinticinco barbanzanos superan o están próximos a rebasar los cien años de edad. Estos nonagenarios y centenarios que habitan en la comarca se reparten entre los once municipios y conviven con sus familiares más cercanos. Es más, en algunos casos se encuentran hasta cinco generaciones de la misma estirpe conviviendo bajo del mismo techo. Mil historias del ayer, anécdotas, recuerdos de la infancia, vacíos en la memoria y un gran sentido del humor, posiblemente clave fundamental para llegar hasta la envidiada y difícil edad que han alcanzado. Cada uno de ellos es un mundo: aficionados al fútbol, amantes del sol y el buen tiempo, charlatanes o gruñones. El caso es que, sea como fuere, se han convertido en los niños mimados de la casa. Incluso sus vecinos tienen buenas palabras a la hora de referirse a ellos. Custodiadores de la historia local, pueden presumir de haber vivido entre dos siglos y llegar a un esperado año 2000 con la esperanza de ver un mundo solidario, lejos de aquellas fatales guerras en las que muchos de ellos vivieron la penuria diaria del hambre, las enfermedades y las tremendas secuelas de unos enfrentamientos que se llevaron consigo a familiares y allegados e incluso arrastró a muchos al exilio. Conocieron los años de la dictadura y la transición en la democracia, y guardan, para cada una de aquellas etapas, opiniones muy dispares. Hay que destacar que el número de mujeres, alguna aún en estado de soltería, es superior al de los hombres, aunque estos llevan con la misma alegría el orgullo de haber doblado el cabo de los cien años.