El bar Segis, situado en la praza Castelao, cerró sus puertas después de un siglo en funcionamiento La barra por la que durante todo un siglo resbalaron vinos y cafés será sustituida en breve por un mostrador para firmar recibos bancarios. El bar Segis, toda una ventana a la rutina de la praza Castelao, cerró ayer definitivamente sus puertas dejando «huérfana» y descolocada a una clientela de lo más variopinta en cuanto a edades, gustos y estilos. Es el punto final de un negocio de hostelería que ha ido evolucionando a la par que Rianxo desde los albores de un siglo que sólo para algunos ha muerto.
18 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Eva buscaba el domingo una cámara fotográfica. Era su última oportunidad de inmortalizarse como cliente habitual del Segis. Durante años había echado la partida y conversado con sus colegas en las mesas del establecimiento y nunca se le había ocurrido retratar esos momentos de esparcimiento. Hasta que supo que, después de todo un siglo -aunque no exento de paréntesis-, no habría otra oportunidad. El negocio de hostelería dará paso a la banca. Una sucursal de Banesto ocupará esa esquina de la praza Castelao desde la que varias generaciones de clientes del bar fueron testigos de la evolución de Rianxo. Ni siquiera Segismundo Zúñiga Tubío, su propietario, puede precisar el punto de partida del local. Eso sí, por los documentos que su bisabuela -meticulosa hasta la saciedad- guardaba, sabe que en 1910 ya estaba en funcionamiento: «Teño na casa unha carta que o meu tío Juan lle mandou ós meus bisavós nesa data na que di que quería vir para Rianxo a axudarlles ós pais, que xa eran moi vellos para rexentar o negocio, pero por `la maldita milicia'' non podía voltar». Las riendas del negocio familiar fueron recogidas por los abuelos de Segismundo Zúñiga, después por sus padres y ya en 1963 se hizo cargo su actual propietario. A lo largo de esos años, el negocio fue especializándose hasta limitar sus funciones a las de café-bar. Porque hubo un tiempo en el que fue fonda y dio cobijo a los operarios que construyeron el muelle de Setefogas y hospedó a los obreros que echaron la primera capa de asfalto a la carretera que culmina en el casco urbano de Rianxo. El local hostelero, en el que en un tiempo se podía comprar desde carretes de hilo a arroz, pasando por candiles y cerillas, también compartió espacio con un negocio funerario. Paréntesis en la actividad El Segis tuvo también paréntesis en su actividad. El primero se produjo con la muerte de la abuela de Zúñiga Tubío, cuando una gestoría sustituyó al negocio hostelero. El segundo, cuando se reformó la vivienda que, construida en 1713, le daba cobijo. Eso sí, la decoración se mantuvo para dar testimonio de su antigüedad, una sensación que reforzaban la colección de llaves con solera o la vara de conducir o «gando á ganancia», una práctica ya en desuso. Segismundo Zúñiga se jubiló hace tres años. Desde entonces, Enrique Romero llevaba el negocio. Él fue quien oyó las penas de los últimos clientes, que celebraron el cierre con unas rondas a cuenta de la casa. Ayer, mientras recogía el bar, comprobó que algún despistado accionaba por rutina el manubrio del bar Segis.