Las cofradías denuncian que el exceso de capturas pone en peligro el banco de jurel

A. G. RIBEIRA

BARBANZA

S. BALVÍS

Advierten de que algunas embarcaciones sobrepasan los diez mil kilos al día cuando el tope está en seis mil El temor a que los bancos de jurel caminen hacia su práctica esquilmación, como ha ocurrido con los de la sardina, ha levantado la voz de alarma entre algunas cofradías de la comarca barbanzana. Denuncian que las capturas diarias de muchas embarcaciones superan los diez mil kilos, cuando el tope está en seis mil. La abundancia de una especie que se distribuye principalmente en los mercados portugueses para consumo en fresco, ha provocado una caída en picado de los precios. En los pósitos reclaman vigilancia.

07 sep 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

La caja de veinticinco kilos de jurel de cerco se cotizó el miércoles en la lonja de Portosín a setecientas pesetas (4,207 euros), un coste muy inferior a las 1.500 o dos mil pesetas que los representantes del sector consideran razonable. En la rula ribeirense se pagó un poco más cara, mil pesetas; mientras que la de arrastre, de catorce kilos, llegó a las 2.300 pesetas. El descenso de precios no se debe a ningún extraño factor, tiene su explicación en la propia ley del mercado: la oferta de este pescado, vendido mayoritariamente en Portugal para consumo en fresco, supera con mucho la demanda y la cotización cae. Al tiempo, los bancos sufren las secuelas de la sobreexplotación y caminan hacia su extinción. El patrón mayor de Portosín, Gonzalo Pérez, denuncia que los barcos capturan más de diez mil kilos por día, cuando el tope está en seis mil. En Ribeira, Juan Pérez reconoce que algunos «desaprensivos» sobrepasan los límites, provocando una situación de crisis. Por su parte, el representante del cerco de Cambados, Manuel Costa, señala que algunas embarcaciones cogen un cupo por la mañana y otro por la tarde. Algunos profesionales hablan de un fenómeno similar al ocurrido con la sardina en los ochenta y principios de los noventa, cuando el producto no tenía salida y se vendía a las fábricas para elaborar harina. Esto provocó una caída en la cotización y llevó a que en puertos como el de Malpica se tirasen miles de kilos.