A vueltas con las cuentas

A.G. RIBEIRA

BARBANZA

C. QUEIJEIRO

El alcalde noiés asegura haber tenido que adoptar medidas drásticas para romper el inmovilismo de la villa El primer año de mandato del alcalde noiés, Rafael García Guerrero, no ha estado exento de polémica. La peatonalización del casco histórico fue duramente criticada, no tanto por la medida sino por la forma de aplicarla; y la negativa a entrar en Sogama obligó al gobierno a «peregrinar» con la basura de un concello a otro. El propio García Guerrero reconoce que en los doce meses transcurridos desde su elección se ha visto obligado a tomar medidas impopulares, necesarias, explica, para romper el inmovilismo secular de la villa. Pero si algo ha supuesto un quebradero de cabeza para el regidor ha sido el saneamiento económico.

14 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

El ajuste económico ha constituido el caballo de batalla del joven regidor. Para Rafael García Guerrero, es prioritario que Noia recupere su prestigio, algo que depende del saneamiento financiero y de una adecuada organización municipal. Ha sido una labor silenciosa, realizada de puertas a dentro con el desinteresado apoyo de los funcionarios. A García Guerrero no le sorprende que «de cara a fóra non se perciba o traballo efectuado». En el recuerdo quedan numerosas anécdotas de doce meses en el sillón de la alcaldía. El futuro se observa con optimismo porque los proyectos comienzan a cuajar. Entre los más significativos, el saneamiento integral de la ría y la futura construcción de una depuradora. A nivel social, la dinamización cultural de la villa noiesa o el programa Concello aberto, en el que se debaten temas de interés general. Pero en el camino recorrido no han faltado obstáculos que han obligado, incluso, a dar marcha atrás en los postulados iniciales. Un ejemplo paradigmático es la estrategia de eliminación de residuos sólidos. Desde su llegada al gobierno local, Rafael García apostó por el plan de compostaje apadrinado por la Mancomunidade Serra da Barbanza, un posicionamiento que le valió el necesario apoyo del BNG a un grupo socialista que en las urnas no había recibido el apoyo popular necesario para gobernar en solitario. Posteriormente, las circunstancias obligaron al ejecutivo local a buscar un aliado en Sogama, no se sabe si temporal o definitivo. Rafael García atribuye la imposiblidad de adherirse al plan de compostaje al acoso por parte de sectores del Partido Popular y a la falta de compromiso del BNG «que a veces actuou de forma localista». El alcalde asume la derrota, reconoce que se fue a Sogama cuando su decisión de entrar en la mancomunidad repercutió negativamente en los ciudadanos: «En canto a basura quedou un día sen recoller, funme a Sogama». Sin embargo critica el oportunismo de municipios más grandes gobernados por el BNG que «verten en Sogama e venden outra cousa».