Contra vientos, mareas y progreso

F. S. RIBEIRA

BARBANZA

CARMELA QUEIJEIRO

En la comarca funcionan seis faros, de los que sólo el de Sálvora cuenta con presencia humana permanente De los seis faros de la comarca que guían la circulación marítima del Atlántico, sólo uno, el de Sálvora, cuenta hoy en día con presencia humana permanente. En el resto, la mano del hombre sigue estando presente, aunque de forma más esporádica: se trata de una vigilancia a distancia. Su futuro, tal como informó la Autoridad Portuaria de Vilagarcía, no es incierto. Seguirán estando ahí, albergando museos del mar o no, mientras haya barcos que crucen el océano. Desde este periódico, para que no sea el pasado lo que se vuelva «brumoso», se hará un recorrido por cada uno de ellos. Hoy se empezará con los de Arousa.

29 may 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Actualmente, el faro de las comarcas de Barbanza y Muros y Noia -construcciones cuyo funcionamiento y vigilancia es competencia de la Autoridad Portuaria de Vilagarcía- que más distancia cubre con sus destellos, es el de la isla de Sálvora: un total de 21 millas. Además, es el único que cuenta con presencia humana. Allí viven actualmente, contra mareas, tempestades y avances de la ciencia -inevitables y, en ocasiones, poco indulgentes con la tradición- tres técnicos en señales marítimas, también conocidos como fareros. En el resto de las construcciones de la zona -Rúa, Corrubedo, Rebordiño, Louro y Carnota- ya no habita nadie. Aún así, la mano del hombre no ha desaparecido totalmente de los faros. Desde Vilagarcía o en visitas temporales a estas instalaciones, se siguen cumpliendo a rajatabla las labores de mantenimiento y conservación. Pero el de Sálvora aún tiene más particularidades. Por razones obvias -hay que recordar que se trata de una isla- tuvo que ser alimentado desde siempre con energías alternativas. Es, junto con el de monte Louro y Rúa, el único de la zona que funciona con energía fotovoltaica, o, lo que es lo mismo, con ayuda de paneles solares. Un poco de historia El actual faro de Sálvora tuvo un hermano mayor, en la punta Besugueiros. Esta construcción más antigua se inició a mediados del siglo XIX y fue proyectada por Celedonio de Uribe, tal como recuerda el ribeirense Xosé María Fernández Pazos en su libro Sálvora: memoria dun naufraxio. Las obras comenzaron en mayo de 1852 y concluyeron en noviembre de este año. Para la iluminación -que tenía un alcance de diez millas-, desde el principio fue necesario quemar aceite. Sin embargo, en la primera década del siglo XX, esta construcción vio amenazado su futuro con la inminente llegada al mundo de un «hermano pequeño», inevitable y necesariamente más moderno y mejor preparado -y también mejor situado, en un enclave más alto de la isla-. El faro actual, obra de José González Teijeiro y proyecto del arquitecto Ramón Martínez Campos, se inauguró a finales de 1921, un año después de que el mar se cobrase 213 vidas en el naufragio del vapor Santa Isabel. Hoy en día, el sistema de iluminación del edificio está completamente automatizado. Sin embargo, no se trata de un lugar deshabitado, en contra de lo que muchos puedan pensar. Las tres personas que viven allí se ocupan de que su funcionamiento sea lo más perfecto posible -es vital que en esta isla el faro esté siempre a punto- y de lograr que los problemas que acarrea desde siempre la escasa accesibilidad de la isla, no sean demasiado graves.