«Parece que nos asusta reconocer que somos felices, como si fuese una temeridad y nos fuese a venir encima todo lo malo»

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VILAGARCÍA DE AROUSA

Luis Miguel García de León apunta tres claves para la felicidad: vivir con un propósito, con alegría y con paz interior.
Luis Miguel García de León apunta tres claves para la felicidad: vivir con un propósito, con alegría y con paz interior. MARTINA MISER

Luis Miguel García de León impartirá mañana sábado un taller sobre felicidad en el Centro Comercial Arousa

23 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

«¿Quién me ha robado el mes de abril?», se preguntaba, allá a finales de los años ochenta, Joaquín Sabina desde la calle Melancolía. Envuelto, probablemente, en menos poesía, ese interrogante sigue planteándose hoy en día. Quizás, hoy más que nunca. ¿Qué pasa con nuestra felicidad? ¿Dónde se ha metido? De esas cuestiones, y de otras, se hablará este sábado, a partir de las siete de la tarde, en el Centro Comercial Arousa. En la sala multiusos, Luis Miguel García de León González Fortuna impartirá —por primera vez— un taller sobre la felicidad. «De lo que se trata es de hacer una actividad participativa y de intercambio de conocimientos y experiencias, que nos sirva para vivir con más alegría, con más paz y con propósito».

No es este de la felicidad un tema sencillo. Los más grandes filósofos de todos los tiempos han intentado, de alguna manera, descubrir el camino hacia ese sentimiento difuso y difícil de definir. «Tampoco pretendo que vayamos nosotros ahora a ponernos de acuerdo sobre qué es la felicidad... Para mí, la felicidad es un camino y una meta. Como los viajes, que los disfrutas mientras los preparas, mientras los estás viviendo y luego, cuando los compartes con tus amistades... La felicidad es algo así, lo que pasa que a cada persona le puede causar esa satisfacción una cosa distinta: a unos hacer deporte, a otros leer un libro», comenta el moderador del taller de mañana.

La sesión arrancará con una pregunta: «¿Cuál ha sido el momento más feliz de tu vida?». «No es una pregunta sencilla», reconoce Luis Miguel García, aunque él tiene clara la respuesta: «El momento en el que vi por primera vez a mi hijo; tenía los ojos muy abiertos», dice esbozando una sonrisa. «Estoy convencido de que vamos a descubrir que en esos momentos pesan más las emociones, los sentimientos, que las cuestiones materiales. ¿De verdad hay alguien que piense que el momento más feliz de su vida es cuando estrenó coche?», dice.

Habrá que ver qué ideas y reflexiones surgen el sábado, en medio del círculo que formarán las personas que se acerquen a esta actividad. El organizador del taller calcula que la mayor parte de los asistentes serán «gente de mi entorno», lo que le genera una cierta tranquilidad. «Es la primera vez que dirijo una cosa así», señala. Para llegar a este punto, se ha formado y, sobre todo, ha entrenado. «Me considero una persona feliz y puedo hablar de la felicidad en primera persona», señala. Pero reconoce que no es habitual encontrarse con gente que se identifique así: «Parece que nos asusta reconocer que somos felices, como si fuese una temeridad y nos fuese a venir encima todo lo malo de repente», dice.

Él ya ha afrontado una situación complicada: hace unos años le diagnosticaron un cáncer. «El cáncer ha sido mi maestro», señala. Y es que la enfermedad le hizo detenerse y decidirse a «darle una orientación a mi vida, darle un sentido más amplio y profundo. Y me llevó a ayudar a los demás, con sentimiento y de forma desinteresada», señala.

Fue el comienzo de un viaje que le ha llevado a descubrir cosas en las que, tal vez, todos deberíamos volver a pensar. Como que el respeto es el pilar de cualquier relación sana. Que el perdón alivia y nos permite aligerar de peso nuestra mochila vital y que «el odio bloquea, la enemistad bloquea... Y la paz interior es importante».

Tan importante como entrenar una forma de ver la vida optimista, alegre, porque eso también se puede entrenar. «Somos lo que pensamos, por eso es importante tener pensamientos positivos y optimistas. Y hay que valorar el esfuerzo que hacemos y los pequeños avances que conseguimos», explica Luis Miguel García de León, el hombre feliz que está dispuesto a compartir lo que ha aprendido.