Conversar con Damián siempre es un espectáculo. Nos vamos de gira por Londres con el periodista vilagarciano
05 nov 2017 . Actualizado a las 05:00 h.Hablamos y cocinamos hoy con Damián Pereira (Vilagarcía, 1984), aprovechando que nuestro hombre se encuentra por aquí, de vacaciones, antes de proseguir camino hacia Andalucía. Hace dos años y pico ya que Damián estableció su residencia en el Reino Unido. Llegó él y poco tardó el brexit en eclosionar. «Para que veas, antes de Puigdemont ya fui yo el primer político represaliado que tuvo que huir al extranjero», bromea el periodista arousano, hoy reconvertido en feliz guía de la industria turística londinense. «Somos más de quince guías y la nuestra es la tercera empresa de tours por detrás de dos grandes compañías; una empresa española que tiene en Londres su parte más potente y me ha ofrecido una forma de ganarme la vida divertida y, sobre todo, muy, muy interesante». Antes, al desembarcar en Leeds, Damián tuvo que hacer un poco de todo. No le costó encontrar trabajo, pero algo fallaba en la ecuación. Londres, no hay más que comprobar el entusiasmo con el que habla, era la solución. La referencia coñona a la política tiene su razón de ser, porque el inquieto plumilla militó, por este orden, en Galiza Nova y el PSOE antes de zambullirse en el torbellino de Podemos. No es cuestión de dedicarle aquí unas líneas al asunto, pero escucharle hablar de cada una de aquellas tres experiencias resulta de lo más ilustrativo. Prueben a preguntarle, si lo ven, y ya me contarán.
La pasión del buen conversador le desborda a Damián, capaz de contagiar su entusiasmo a cualquiera con el que cruce unas palabras sobre la metrópolis que lo ha acogido. «Hacemos tours de Harry Potter, de Jack el Destripador, un tour básico, uno nocturno por el centro, el de Candem, el del Soho, por el Támesis, también tours privados... El turista tiene mucho donde elegir, y ya me dirás, a diez libras un tour de tres horas... ¡En uno hasta invitamos a la gente a una pinta!».
A estas alturas, nuestro guía conoce los nombres y buena parte de las andanzas de todos los reyes de Inglaterra desde 1483. Desde Ricardo III, cuyos huesos fueron hallados hace un par de años bajo el asfalto de un aparcamiento. «Ahora está enterrado en Londres, puedes pasar años aquí y siempre descubres cosas nuevas». Las historias se suceden. «Carlos II, con el que se restauró la monarquía después de Cromwell, es supermítico; dicen que The Green Park está sin flores porque Catalina de Braganza, su mujer, se celaba de las flores que recogía para sus muchas amantes». La pareja real no tuvo hijos, pero el monarca, en solitario, firmó catorce churumbeles ilegítimos. A todos ellos les procuró prebendas y títulos nobiliarios, sin importarle lo mal visto que aquello estaba en su época. ¿En cuál no? «Es todo tan interesante... ¿Sabes que Felipe II llegó a ser rey de Inglaterra?».
Damián aprovecha cualquier momento para viajar. Escocia, Irlanda, por supuesto España y Portugal. «No soy un apasionado del sistema, pero el capitalismo, cuando funciona, aquí al menos te garantiza un nivel de vida sostenible. En dos años se me ha abierto el mundo, he podido viajar y el tiempo máximo que he estado sin trabajar fueron diez días. Hay ofertas constantes y debo decir que los españoles estamos bastante bien valorados. Esa imagen oscura del siglo XVI está muy superada, aunque obviamente tenemos mucho que evolucionar todavía».
¿Y los ingleses? ¿Cómo son esas gentes a las que el tópico dibuja como frías, irónicas y tendentes a la bronca en cuando huelen alcohol? «La verdad es que son muy educados. Pueden ser cínicos, pero muy educados». Él, desde luego, se declara «supercontento» siempre que no se pongan a dar lecciones. ¿Y el gallego en la distancia? ¿Cómo es? «Creo que tenemos el mismo ansia que los hobbits. Fíjate en Bilbo, tuvieron que ir a buscarlo trece enanos y un mago para sacarlo de casa. A Frodo, directamente, tuvieron que amenazarlo seriamente de muerte».
Bien, esto se acaba y todavía no hemos hablado de comer. «Se come mal en Londres. A toda prisa, a contrarreloj, la gente come sola, muchas veces pilla la comida en algún puesto y se va a uno de los jardines de los que la ciudad está plagado. Sus cervezas no me emocionan, pero debo recomendar un plato, el Sunday Roast, típico del domingo. La patata asada y la verdura las ponen más crudas, pero la carne y la salsa están muy buenas». Y, vaya por dios, pese a la lluvia y al frío no existen los platos de cuchara. «Eso sí es imperdonable».