Las plazas oferten productos que permiten menús «apañados» de 18 euros por barba, o delicatesen que superan los 60 por cabeza
19 dic 2015 . Actualizado a las 05:00 h.En Galicia, la Navidad sabe a marisco. «Hai xente que se resiste, que pasa o ano dicindo que van poñer outras cousas na mesa. Pero ao final venlle o neto, ou o fillo, e veñen comprar porque queren marisco, e ademais queren ver a mesa chea». Habla Elena Parada, una de las peixeiras que ayer animaba la plaza de O Grove con un puesto repleto de las joyas de la temporada. Centollas, nécoras o camarones son productos que nos hemos acostumbrado a saborear en estas fechas, y cuesta trabajo renunciar a ellos.
Aun así, en las plazas de abastos -dicen quienes las habitan- el movimiento navideño aún no se acaba de notar. Lo afirma desde Portonovo Puri Rosal, y lo repite Miguel Devesa desde O Grove. Desde Mariscos Rosi (Vilagarcía) apuntan una clave: «La gente cada vez se organiza mejor». Poner la mesa para una familia numerosa supone un desembolso importante, y los compradores más avisados ya tienen a estas alturas los arcones llenos de centollos y nécoras adquiridos antes de que en las plazas comenzase la cuesta de diciembre. Y es que, aunque hay productos que, como el rey del marisco, aún no han acabado de despegar, hay otros, como la almeja babosa, que ya están por las nubes. De la fina, mejor no hablar: ni las peixeiras se atreven a invertir en una especie que se ha disparado en lonja pero que en las mesas gallegas no parece ser demasiado apreciada.
¿Y qué es lo que pide la gente? Centollo, nécora, cigala... «Se tira a lo más barato», dice Rosa María Pintos, de Portonovo. Bruno, de la Xanela do Mar, una firma de O Grove, indica que los clientes buscan productos «arreglados». «Las cenas en este tiempo son de gente. Si tienes que darle de cenar a diez personas, te sale mucho más arreglado comprar un par de kilos de camarón o unas nécoras, que cinco o seis centollos». A no ser que hablemos de los bruños. Echemos cuentas. Pongamos una mesa para ocho personas y sirvamos dos kilos de nécoras (50 euros), uno y medio de camarón (otros 50) y cuatro bruños bien troceados (40 más). Por 140 euros habremos cenado como reyes.
Tengan en cuenta que los precios no han hecho más que empezar a subir. «Vanse disparar a semana que vén, sobre todo se vén mal tempo», explicaba Carmen, una veterana placera de Vilagarcía. Así que unos tiran de piscifactoría y sirven rodaballos por diez euros el kilo, mientras que el sabor del salvaje se dispara hasta los 32 euros pedidos ayer en Pontevedra. Una peixeira de Portonovo asegura que, que la merluza del pincho -que ella vendía a 14 euros el kilo, pero que en Pontevedra oscilaba entre los 10 y los 12- se ha convertido en una alternativa para los cotizadísimos y buscadísimos lenguados y rodaballos. Nunca mejor dicho lo de buscadísimos, porque a algunos placeros, como es el caso de Pontevedra, si estos pescados son de la ría se los quitan literalmente de las manos. «El lenguado salvaje escasea, yo hoy no vi ninguno por aquí», bromeaba un vendedor pontevedrés.
A escasos metros, dos mujeres preguntaban la diferencia entre un centollo bruño y una femia, y sobre cómo saber si está lleno o vacío. La peixeira que las atendía les dio una clase acelerada para diferenciarlos, mientras sostenía con la mano un ejemplar que no paraba de moverse. Al aprovechar la ocasión para ilustrar a estas compradoras, la placera les explicó también la diferencia sustancial que existe en precios.
Y es que no se engañen. En la plaza hay que hacer como en esas excursiones que se realizan por primera vez y en las que uno pica de pardillo y compra lo primero que ve, para luego lamentarse de su impaciencia unos puestos después al ver lo mismo pero a un precio más asequible. Es mucho más recomendable el pasen y vean primero.
Si la cartera lo permite, no hay nada como bucear entre los puestos. ¿Qué es lo más caro entre lo solicitado? Para quien se lo pueden permitir, sin duda, el percebe y el camarón. Lideran las listas en todas las plazas y son el componente principal de un menú caro. Para ocho personas con ellos como plato estrella, junto con un buen rodaballo, saldría a una media de 60 euros por comensal, según indicaron desde la asociación de placeras de Pontevedra. Es decir, 480 euros en total. En este mercado, el camarón de clase grande por sí solo ya llega a los cien euros el kilo. Como se ofrece en diversos tamaños, si alguien no se quiere rascar mucho el bolsillo, lo encuentra, con un tamaño mucho más reducido claro está, a 18 euros en O Grove.
El percebe escasea porque el mal tiempo no es propicio para bajar a las rocas más batidas. Este factor por sí solo ya tira para arriba a los precios. Por ejemplo, el percebe grande alcanza picos de hasta 90 euros el kilo en O Grove o 70 en Pontevedra. Aún así, los más caros ya no pisan la plaza, van de la lonja a su destino final, normalmente más allá de la Canda y del Padornelo.