Los vecinos de Valga y del Umia asumen con resignación unas inundaciones que cíclicamente los ponen en jaque
09 ene 2016 . Actualizado a las 05:00 h.Rodeados de agua. Así se despertaron ayer los vecinos del lugar de A Devesa, en Valga. La lluvia y la marea habían hecho enloquecer al río próximo, que se había desparramado por fincas y carreteras, obligando a cortar los pasos subterráneos de la vía del tren y empujando a los vecinos a poner en marcha sus mecanismos de defensa contra el agua. José Luis Romai, que vive en una de las casas que más sufren cuando crece el Valga, sacó los parapetos de metal con los que se cierra a cal y canto la puerta de su vivienda. Los tiene listos desde hace tiempo. «Levo aquí desde os anos setenta, xa teño pasado por unha chea de inundacións», narraba ayer. Con los años ha aprendido a escuchar la lluvia, a mirar el río y a resignarse. «Cando vemos que chove moito e que a cousa se pon mal, collemos leña e víveres, e a esperar».
Para evitar que los vecinos de A Devesa tengan que seguir haciendo gala de su paciencia, el Concello de Valga ha elaborado un plan para evitar las inundaciones en el tramo final del río Valga. El alcalde, José María Bello Maneiro (PP), recordaba ayer que la primera fase acometida en el río ha dado resultado, evitando que en días como ayer la carretera de Vilagarcía tuviese que ser cortada al tráfico. Pero queda la última parte del proyecto por ejecutar. «Esperamos que sexa este ano», decía ayer el regidor.
Mientras esa obra no llega, los vecinos de lugares como A Devesa siguen pendientes de la lluvia. Y de los claros. Ayer, hacia el mediodía, un jirón azul pálido se dejó ver entre las nubes de lluvia. Era el heraldo de las buenas noticias: el cielo se secó, la marea comenzó su retirada poco después, y el nivel del agua comenzó a bajar. «A partir de aí todo foi mellor», explicaba el responsable de Protección Civil. Varias de las pistas que durante la mañana tuvieron que permanecer cerradas pudieron ser reabiertas al tráfico. Al cierre de esta edición, las cintas que impedían el paso ondeaban aún en A Devesa y en los pasos bajo la vía del tren. Estos últimos iban a permanecer cerrados también durante la noche, pero las otras zonas estaban pendientes de una última inspección. «Recuperamos a normalidade, pero aínda hai que ver o que pasa nos últimos días, porque o ría trae moita auga», dice José Otero Caamaño.
En el Umia
El Umia ya no tiene márgenes. En Pontearnelas, donde confluyen los municipios de Vilanova, Cambados y Ribadumia, el río se ha salido del cauce y ha inundado por completo fincas, huertas y carreteras. También, las instalaciones del club náutico O Muíño, situadas más abajo. Los responsables de esta entidad deportiva han perdido la cuenta de las veces que su sede se ha inundado. «Pasa todos os anos», explica el director técnico, José Manuel Vázquez. Algunos de sus deportistas tuvieron que ir ayer a entrenar a Pontevedra. Otros, se atrevieron a utilizar el gimnasio municipal, ubicado en la planta más alta. Pero lo que fue imposible fue coger el material. La planta baja, donde este se guarda, quedó completamente anegada. «Tivemos que entrar a soltar as piraguas para deixalas flotando», explica. En su opinión el responsable de esta inundaciones no es el temporal, sino el embalse. «Onte ás dez estábamos no club e en media hora chegou a auga á escaleira», relata. Critica la falta de previsión de los que gestionan el embalse y el hecho de que ni siquiera se molesten en avisar cuando abren las compuertas. Es más, a última hora de ayer «o río segue subindo e iso que leva sen chover toda a tarde», relataba.
La misma suerte que estas instalaciones sufrieron las fincas de la parcelaria de Oubiña, en Cambados. «É raro o ano que non vota por fóra», reconoce Juan Pintos, un vilagarciano que tiene una finca en la que planta verduras. En su opinión, las obras en este entorno se hicieron mal y, además de inundarse todos los años, cuesta más sacar el agua de las parcelas. Es por eso que muchas de estas propiedades están ya sin cultivar, «porque xa saben o que pasa», relata. No muy lejos está la casa de Rubén Oubiña. Esta mañana en vez de jardín tenía una masa de agua. Pero se lo toma con humor. «Una vez al año sabemos que pasa esto, depende de cómo regulen el embalse». No tiene problemas con su casa, «porque ya se hizo alta», pero sí que le causa algún que otro inconveniente. «Sacamos las vallas para que no se rompan y no puedes tener las cosas como a ti te gustan», explica. Considera que el embalse tiene mucho que ver en el nivel del río. Y cree que lo peor está por llegar. «Espero que por la noche baje un poco, pero tememos al domingo», asegura.
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