Leña Verde desata una locura de manicomio y gana la bandera del gran Entroido Meco

leticia castro O GROVE / LA VOZ

O GROVE

La campeona empató con Jana de Leria, y acabó imponiéndose tras cinco horas

16 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

El sábado noche llegó, y con él comenzaron a sonar los primeros acordes en el auditorio de O Grove. Tras ellos, la primera de las comparsas en subirse al escenario para inaugurar la gran cita del Entroido Meco, un festival que cada año sube de nivel y pone en aprietos al jurado. Eran Os Trapalleiros, con un original disfraz que bien podría ser un arlequín. O no, en realidad una vestimenta hecha con trapos que da como resultado un trapalleiro, dicen. Sus letras miraban hacia los conspiranoicos, los entendidos, los foodies, y también hacia la política local. Por las tablas desfilaron desde víboras a forajidos, señoras de peluquería o militares de guerra dispuestos a criticar todo lo que se pusiese por delante, que para eso es carnaval.

Os Arrombados escenificaron el lejano oeste, disparando con rotundidad contra el gobierno del socialista José Cacabelos, «porque O Jrove é un pueblo sin lei». Aunque lo que verdaderamente desató la locura fue el manicomio de Leña Verde conquistando al jurado. Los locos lograron la bandera tras quitarse la camisa de fuerza y transformarse en coloridos pacientes, después de varios años sin alcanzar el primer puesto. La visita de Calleja y JLo, las controvertidas decisiones de Donald Trump, el puesto de pulpo en la Festa do Marisco o el váter de Confín ocuparon parte de las letras. También la política local, con gran ironía, aunque sin mencionar demasiado lo evidente. No fue una decisión fácil para quienes anotaban los puntos, porque empataron en número con la vigente campeona, Jana de Leria, que mantuvo el tipo a nivel musical y de crítica, pero la balanza se decantó del lado de la locura. Hubo algo que marcó la diferencia, para fortuna del grupo que capitanean Marta González y Robin Prol.

¿Fredi Bea candidato?

La noche de sábado volvió a poner a Fredi Bea en el tablero, pues la posibilidad de que concurra a los próximos comicios municipales daba mucho juego. Había temas para aburrir, pero el tiempo nunca es suficiente para poder mencionarlo todo: asuntos particulares, atención médica, el concierto de Juan Luis Guerra o el festival Son do Mar. Las agrupaciones demostraron con sus interpretaciones el esfuerzo que se esconde tras los detalles de cada disfraz, la rima de cada estrofa o la afinación de las cuerdas vocales. Entre actuación y actuación, los dirigentes de la comparsas charlaban animados con el presentador de la gala, y de vez en cuando se colaba algún espontáneo para poner la nota de humor al momento. Fueron cinco horas de certamen sin moverse de las butacas: hasta el público se merecía un buen premio por el aguante. La mayor felicidad del festival: hacer ondear la bandera el resto del entroido por las calles de la localidad arousana.