El PXOM o el último incendio del balneario de A Toxa

El único vestigio del patrimonio arquitectónico de la isla podría tener los días contados. El nuevo plan urbanístico prevé que en su lugar se puedan construir bajo más cuatro alturas


o grove / la voz

El conocido como balneario de A Toxa no es ninguno de los tres hoteles que actualmente pueblan la isla grovense. El edificio que recibe ese nombre se corresponde, en realidad, con un inmueble construido en 1928 por el arquitecto Juan Argenti y que, durante muchos años, albergó los baños que tan popular hicieron a la isla, pues bajo él se ubica el manantial más grande de la isla. Hoy en día está abandonado, tapiado con paneles blancos y, se cree, en manos de un fondo buitre o de un importante grupo hotelero que se lo habría adquirido, nadie lo sabe con certeza. Lo que sí se temen muchos es que el inmueble esté viviendo sus últimos días. Y esta vez no precisamente por causa del fuego, que ya lo asoló en ocasiones anteriores. Lo que amenaza la pervivencia del último vestigio del patrimonio arquitectónico de la isla es el nuevo plan urbanístico, pues prevé que en su lugar se pueda construir bajo más cuatro alturas. «É un edificio rexionalista e me causa unha profunda tristeza que non haxa ningún tipo de protección legal por parte de Patrimonio da Xunta ou por parte do Concello», lamenta el historiador grovense, Francisco Meis.

No fue este el primer balneario de A Toxa, recuerda Meis. Unas casetas en piedra construidas en 1840 fueron el primer lugar al que la gente acudió a tomar los baños. «Foi un modelo que pervivíu durante varias décadas, ata que Luís Mestre Roi, en 1880, coma arrendatario de varios socios, convertese en administrador do balneario», añade. No está claro si fue Mestre el que construyó el nuevo edificio o si simplemente acometió una mejora de lo que había. Empieza entonces una etapa oscura, de expropiaciones e incendios. Porque el Gobierno Civil, se supone que animado por el marqués de Riestra que posteriormente se quedará con la propiedad, inicia en 1894 el proceso de expropiación del balneario. Alega, para ello, que las instalaciones están en mal estado y que el servicio es insalubre. Al mismo tiempo, los propietarios del inmueble están divididos y peleándose en los juzgados por ver quién gestiona la propiedad. Y en medio de todas estas trifulcas, el 11 de noviembre de 1899, el balneario arde. Fue un incendio provocado. Fran Meis tuvo acceso a un telegrama que el alcalde de O Grove, Francisco Moraña, remitió entonces al Gobierno Civil: «Primeras horas de la noche de ayer ocurrió incendio balneario Toja quedando reducido a cenizas casa baños moderna y fonda Mestre antigua. Según huellas incendio prodújose intencionadamente. Doy conocimiento Juez Instrucción».

La incautación

El fuego destrozó por completo las instalaciones, pero el Gobierno Civil actúa rápidamente. Promueve la incautación del balneario, pues la expropiación se les antoja entonces un proceso demasiado largo «y va a tomar las riendas del barco. Lo hace porque detrás había un cacique que quería explotar las aguas de A Toxa como ya hacía con las de Mondariz», añade Meis. Se refiere al Marqués de Riestra. De hecho, todo el proceso lo inicia Augusto González Besada, que entonces era el gobernador civil y, todo hay que decirlo, íntimo amigo del marqués. El Estado se pone al frente y manda construir un nuevo balneario en el mismo sitio, que está listo en el verano de 1900, cuando los bañistas regresan a la isla. Ese se derriba definitivamente en el año 1928, dando lugar al actual edificio que se ubica en la isla grovense, entre en Louxo y el Gran Hotel, enfrente del tercer establecimiento hotelero, el Eurostar Isla de A Toxa.

Alarma

Allí permanece abandonado este inmueble desde los años 80, cuando dejó de tener actividad. «Este balneario é o último reduto da historia antiga da illa», sostiene Meis. Considera que «a perda dese edificio sería un dano patrimonial contra a historia da nosa vila. E actualmente atópase sen protección algunha, deixando marxe á especulación, pois se pode derrubar por completo e construír un edificio de catro plantas», insiste el historiador meco. Recuerda que al patrimonio de la isla ya se le ha hecho mucho daño. «No ano 2000, cando se constrúe o Isla, destruíuse por completo un pasadizo soterrado que databa de 1908 que conectaba a zona da burga co Gran Hotel. Era abovedado e feito en ladrillo, coma unha gruta. E Patrimonio no dixo nada, nin o Concello tampouco», lamenta, al tiempo que teme que ese sea el mismo futuro que le espera al viejo balneario. «A perda dese edificio sería borrar por completo a identidade da filosofía dos balnearios do século XX», sostiene. El viejo balneario está en peligro. Un nuevo incendio, esta vez figurado, amenaza su futuro y todo parece indicar que nadie lo librará de las llamas.

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