«Procuro que a xente marche contenta do Grove»

Maruxa Alfonso Laya
m. alfonso O GROVE / LA VOZ

O GROVE

MARTINA MISER

Montar un negocio de hostelería fue su sueño, ahora recibe el Centolo de Ouro por su puesta en valor del sector

01 oct 2017 . Actualizado a las 05:00 h.

José Luis Padín es natural de Pontearnelas, en Vilanova, pero también podría decirse que es meco de adopción. «Levo 33 anos no Grove», cuenta. Pero de eso no quiere hablar. Él prefiere hablar de sus marisquerías, de sus Solainas, que hoy son todo un referente de la gastronomía grovense. La primera de ellas abrió sus puertas hace 24 años, «porque eu quería montar un negocio hostaleiro e sempre vin que O Grove tiña espazo para poder dedicarme a esa actividade», explica. Lo puso en marcha junto con su mujer, que se ocupaba de los fogones. El establecimiento pronto se quedó pequeño y hace ahora quince años abrieron el segundo local. Ambos son famosos por sus pescados y mariscos, «productos frescos e das nosas rías» son su especialidad. Y por toda esa labor en defensa de la gastronomía y de los productos locales es por lo que se le ha otorgado el Centolo de Ouro, que recogerá la próxima semana. «Para min é algo moi importante, porque é, o maior recoñecemento que hai neste Concello. Estou moi agradecido a todos os que fixeron posible que este recoñecemento chegara a min», asegura.

«Traballar, traballei moito»

«Non sei se realmente o merezo», continúa en referencia al Centolo de Ouro. Eso sí, «traballar, traballei moito, e procuro sempre que a xente marche contenta do Grove», sostiene. No se olvida de sus empleados, a los que considera «os meus compañeiros de traballo», a quien también les está muy agradecido. «Para min é un mérito ter conseguido isto, porque haberá moitos compañeiros que tamén o merezan», explica. De O Grove destaca la alta calidad de su gastronomía. «Ten moi bo nivel. Somos un pobo moi accesible á hora de comer», sostiene. Y reconoce que está un poco cansado de discutir por los precios del marisco. «Quen pon o prezo non somos nós, son os que venden para o mercado nacional. E o marisco é un produto caro», sostiene. Sobre todo cuando, como en su caso, se busca la calidad y la frescura.

La cocina tradicional es la base de su oferta. En su carta se pueden encontrar los pescados del día, los que se vendieron en la lonja esa misma mañana, y los mariscos de temporada. «Son produtos que os noso barcos pescan a diario, coma o rodaballo, o linguado, sargo, salmonetes...», relata. Aunque también hay algunos de altura, como el mero. De esta especie guarda una foto de un ejemplar de 47 kilos que adquirió hace unos años y del que, por supuesto, no queda ni la espina. Las elaboraciones son sencillas, «non facemos nada de deseño. Facemos unhas presentacións aceptables, con guisos, peixes ao forno e caldeiradas», afirma. Porque al final, lo importante, «é a calidade do produto», sostiene. Que esas almejas a la sartén estén llenas y tengan un buen tamaño, que las exquisitas cigalas fritas estén jugosas y en su punto o que el bogavante, que también sirven frito, sea sabroso. Hasta los mejillones, que tienen un escabeche muy peculiar, destacan por su tamaño y por estar cocidos en su punto justo. Si tiene que elegir un plato de su carta, se queda con las cocochas al pil-pil, uno de sus favoritos. Si hablamos de pescado, en cambio, destaca el rodaballo y el lenguado. Y en mariscos su preferido es, sin duda, el camarón, seguido de las nécoras y el centollo. Todos de la ría, por supuesto.

Sostiene que su opción es de las que triunfan y que nada teme de las alternativas más modernas. «Cada un fai as cousas como quere», sostiene. Estaría encantado «de que no Grove houbera moitos máis restaurantes con estrela Michelin». Porque, sostiene, «a xente pode ir un día a un Michelin, outro a un tradicional e outro a unha tapería», explica.

Aguantar todo el año

Las Marisquerías Solaina acaban de terminar un verano que el sector ha calificado de excepcional. «Todos os veráns son bos. O malo desto é aguantar todo o ano», cuenta. Aunque reconoce que en otras épocas «teño tido máis xente á porta que sentada dentro». Afirma que la gente antes venía más a la localidad meca, pero que la presión de los controles de alcoholemia han perjudicado al sector hostelero. Aún así, él está contento con la marcha de sus negocios. Ha conseguido una clientela estable y fija, «e sempre funcionamos bastante ben», añade. Y mira alrededor, donde se están sirviendo tres o cuatro mesas. Almejas, cigalas, rodaballo... ¡cómo para no querer comer aquí!