La obra del escultor asentado en Entrecruces se reparte por iglesias de toda la comarca de Bergantiños y más allá
02 ene 2024 . Actualizado a las 08:31 h.En 1761, el escultor Antonio de Meis, de Muros y establecido en Entrecruces (Carballo), construye el magnífico retablo mayor de Xaviña, y no sería descabellado atribuirle los colaterales, de 1755. Un año antes, trabaja para la fábrica de San Paio de Coristanco, haciendo el retablo mayor. En esta iglesia aparte de otras imágenes que serán expuestas, podemos atribuirle el san Pelayo versallesco, y la imagen de la Candelaria, antes del Rosario. Del mismo modo, en Xaviña, pertenecen a su mano las tallas de santo Tomás, marcado por un impetuoso gesto para mostrar su celo evangelizador; san Juan y san Isidro. En esta última imagen, vuelve a introducir la línea facial nasogeniana, para mostrar las duras andanzas de este santo madrileño, cuyo trabajo consistía en labrar el campo.
Gracias a esta característica podemos incluir como atribuciones las imágenes de varios pontífices, entre ellos san Pedro de Barizo, san Pedro de A Silvarredonda, san Eleuterio de Tella, la imagen de san Gregorio de la iglesia de San Paio de Coristanco, san Blas de la capilla de Ferrol de Rus, san Eleuterio de Entrecruces (hecha en 1786 junto a san Roque) o san Eleuterio de Rus (1785).
Volviendo a sus retablos, en 1763 construye el lateral de la Virgen de la Soledad de Rus, reemplazado en el siglo XIX por uno de tipo neoclásico. Sin embargo, varios angelotes que se hallan en la sacristía, que portan signos de la pasión, podrían ser los pocos restos conservados. En la iglesia de Rus también encontramos un antiguo san Blas retocado por Meis y un tosco san Ramón, que está documentado. En 1766, la parroquia de Valenza le encarga a Meis el retablo de san Roque. Aunque no tenemos la noticia en el archivo, ya que pudo haber sido un donativo particular, es el autor del otro retablo gemelo, dedicado a la Virgen del Carmen, y el Cristo que se encuentra en la rectoral parece ser obra también de nuestro escultor.
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En 1770 acude a la parroquia vecina de San Xusto, para hacer los desaparecidos retablos colaterales, en los que se encontraban la Virgen de los Dolores y el Santo Cristo, cuyos restos pueden ser dos angelotes tenantes que se encuentran en la entrada de la actual iglesia de Rececinde. En 1780 hace para la parroquia de Aríns el retablo mayor, hoy desplazado, que repite las fórmulas del barroco y que usa la pilastra como soporte; para esa feligresía envió las imágenes de san Martín, san Gregorio y san Bartolomé. El retablo de san Miguel de Cabanas (1781) es de sus últimas obras, y que en principio tenía como destino la capilla lateral de la Virgen del Carmen.
Meis, aunque sin desprenderse del lenguaje barroco, se impregna de las modas del neoclasicismo; fue autor, del mismo modo, del grupo escultórico que representa a la Virgen del Carmen con dos santos carmelitas, san Roque, san Antonio y san Miguel.
Gracias a la documentación de la imagen del Carmen, podemos incluir —por su probada semejanza— las imágenes de la misma advocación que se encuentran en Cereo, Sísamo y Berdillo. El otro modelo de Virgen del Carmen, como el de Nantón o Noicela, nos lleva a incluir en este primer tipo iconográfico las imágenes del Carmen de Lemaio y el de la capilla palaciega de Loroxo, donde podríamos atribuir a Meis el resto de las efigies del recinto: san Juan Bautista, san Francisco de Asís y san Antonio de Padua, como ha propuesto Félix Neira. Este investigador me ha aportado varias obras de Meis, como el san Juan de Xornes o, por ejemplo, el san Roque de Cambre (antes era de Buño), de 1753, año en que hizo también la imagen de san Martín, posteriormente reemplazada por otra.
También en Arteixo
El modelo iconográfico de san Roque será repetido para Morás (en la capilla de santa Cecilia también se encuentra una imagen de santa Petronila, obra de Meis) y para Lañas. Si tomamos las representaciones de otro de los santos más queridos por el pueblo, san Antonio, viendo de partida el de Riobó o el de Cabanas, nos llevan a atribuirle el de A Agualada (y no sería descabellado aplicarle ambos retablos colaterales), el de Lemaio o el san Antonio de Xaviña (1774).
En Entrecruces, Meis hace en 1773 un magnífico san Ginés, al que representa con un aire versallesco y cortesano; no sería erróneo atribuirle la magnífica, diminuta y vibrante Inmaculada Concepción, de 1761, emplazada en el expositor. En esta parroquia quedarían, tras el embargo producido por sus deudas en 1792, las imágenes de santa Lucía, santa Bárbara y san Luis, estas dos últimas desaparecidas con el tiempo. En 1788, Meis envía para Cabaleiros las imágenes de santa Ana y san Joaquín, este último muy semejante al de Cerqueda, junto con el san José y un Cristo crucificado.
Gracias a tener documentada la imagen de santa Lucía de Entrecruces, por sus semejanzas iconográficas, decorativas y compositivas, podemos atribuirle las de santa Lucía de Ferrol de Rus, santa Bárbara de Sísamo y la magnífica talla de santa Margarida de Baneira. En cuanto a retablos, podemos ver su mano en el de Pazos (Ponteceso), junto con varias imágenes (san José, san Miguel o una pequeña Dolorosa), el Sagrario de Cospindo o el tabernáculo de Entrecruces.
Finalmente, no se puede dejar atrás la estrecha colaboración de Meis con Agustín Álvarez: en 1752 aparece trabajando con él en Arteixo, en los retablos e imágenes; también lo hará en Loureda. El san Antonio que realiza para allí, comparte semejanzas con el de Villardefrancos. Trabajarán de nuevo en 1782 en los mascarones de la puerta de la iglesia de Rus y, en 1784, pudo haber realizado las imágenes de san José y san Antonio para el retablo mayor de Cabovilaño, construido por Álvarez.